martes, 12 de noviembre del 2019
 
Por Billie Parker
Columna: Palabra de mujer
Por un periodismo no sexista
2019-06-11 | 07:58:53

EL 7 de junio lo políticamente correcto fue abordar la asimétrica relación entre el poder presidencial y las y los periodistas, porque en efecto, como lo dice el propio Andrés Manuel López Obrador, “no somos iguales”.


Tal vez su reyerta con las grandes empresas mediáticas lo hace perder de vista que no es lo mismo acusar desde la silla del poder a los dueños que a la planta laboral, o como le llaman coloquialmente, “la tropa”.


Los periodistas que a diario se la rifan en las calles no tiene a su servicio ni a guaruras, ni youtubers, amlovers, influencers o intelectuales orgánicos, que cambian hasta el himno nacional, ilegal y zalameramente, a favor de personajes de la nueva élite política, como lo exhibió el exibero 132, Attolini. Y están a merced de sujetos que constantemente atacan desde el poder burocrático con diversos mecanismos para sepultar a las pymes mediáticas.


La nueva modalidad es ahogar a los periodistas, restándole toda posibilidad de convertirse en empresas sostenibles ante el poder económico que paga audiencias ficticias para ingresar a los “padrones de medios”, desplazando de facto a las y los periodistas que no tienen recursos para hacerse de sus “granjas” de ninis, o comprar tiempos en las nuevas plataformas digitales y hasta tachan de la lista a quienes osen consignar hechos que no les convienen.


Al respecto de la desigual lucha quiero matizar un poco el tema a proponer con una primera aproximación.


Como es del dominio público, el presidente y su red anti prensa desde hace más de 18 años ha esgrimido el discurso contra los medios de comunicación, quiero pensar que sin tomar conciencia de lo que ha implicado en materia de inseguridad y la vulnerabilidad e indefensión en que han colocado a trabajadores de la comunicación.


El embate ha sido un discurso sistemático, que permite que no sólo sea él quien agreda a las y los comunicadores, sino que desde su empoderado lugar, manda el mensaje que aprueba que otros ejerzan violencia contra las y los periodistas de a pie, como le han expuesto al presidente diversos organismos internacionales, pro defensas de los derechos humanos y de reporteros.


En este escenario las mujeres son las que llevan la peor parte de las descalificaciones, de la discriminación de ellas en la entrega de la publicidad oficial, de los acosos, de la violencia digital e intimidaciones como las que hizo el que dice youtuber –con charola- que vertió su odio contra compañeras, en el marco de esa disímil “comunicación circular” en Palacio Nacional -que hay que insistir- no permite un real flujo libre de ideas, opiniones y saberes, sino una oculta acometida desde el poder, donde las mujeres periodistas y empresarias son las más violentadas.


La prensa vive hoy el más ofensivo escenario construido desde la cúpula del poder y mientras luchamos contra la concentración mediática debemos pugnar por algunos cambios para modificar el entorno social que nos ocupa diariamente, como es el de un periodismo no sexista; tema que planteo al gremio para coadyuvar a eliminar la violencia que hoy nos asalta.


Huelga decir que México vive una crisis de derechos humanos y una crisis del estado de derecho. Y en la mayoría de los casos, muchas de estas violencias institucionales, económicas, patrimoniales, se dan contra los más vulnerables


La pregunta salta para el debate ¿Pueden los medios de comunicación contribuir a propiciar un ambiente de paz, pueden contribuir en el combate al crimen y la violencia?


En lo personal me parece que sí y solo sí, se cambian las formas de hacer periodismo en esta caída de paradigmas en la comunicación que, con los cambios tecnológicos, han abierto una enorme ventana de oportunidades para la profesión, pero también de obligaciones para hacer un periodismo con sentido social y erradicar las violencias en, y desde nuestras trincheras.


¿Por qué resulta políticamente incorrecto defender al periodismo no sexista, una prensa sin violencias hacia las mujeres? Es fácil reconocer la respuesta: La crítica se da a partir de la resistencia de un sistema patriarcal a todo lo que promueva la igualdad y la justicia entre mujeres y hombres.


Para aquellos que ya hicieron su maroma al leer el párrafo anterior les digo que el lenguaje inclusivo no se trata de gramática, sino de política.


Ante la cada vez más violenta sociedad que padecemos, permítanme introducir la variable de la violencia feminicida, que se retrata, la mayoría de veces, desde la mirada patriarcal en las plumas que plasman la historia cotidiana.


Frente a la más atroz de las oleadas de las violencias que se vive en México, que alcanza ya a la niñez mexicana, por qué no analizar todos los factores para refundar la misión periodística y dejar atrás la noción obsoleta de objetividad periodística, superar la polarización estéril entre una visión positivista de la objetividad y un relativismo absoluto, ofreciendo un nuevo método, una nueva mirada, para alcanzar la verdad.


Cuando una sociedad permite el feminicidio, difundido patriarcalmente en cualquier medio, como en la teoría de las ventanas rotas, le abres la puerta al salvajismo generalizado.


En una sociedad sitiada por la anarquía y la violencia, no se debe permitir que la prensa recircule el terrible discurso que argumenta que las mujeres son desechables. Dignas de ser sacrificadas y su muerte olvidada.


*Directora General BillieParkerNoticias.com

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