miércoles, 18 de septiembre del 2019
 
Por Marco A. Medina
Columna: La escena veracruzana
Fin del neoliberalismo
2019-03-26 | 08:09:44

Los vientos de cambio llegaron hasta Acapulco, donde se desarrolló la edición número 82 de la Convención Nacional Bancaria. Hasta allá resonaron las palabras del presidente López Obrador sobre los propósitos de la Cuarta Transformación y pudo establecer compromisos muy puntuales con esa parte del sector financiero que comanda los destinos económicos del país.


El compromiso presidencial fue no intervenir para regular las comisiones bancarias desde el gobierno y el del nuevo presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM), Luis Niño de la Rivera, anunció en ese momento la eliminación de las comisiones que se cobran por transacciones electrónicas, lo que permitirá más adelante una revisión general sobre el resto de las comisiones. Pero Andrés Manuel fue más allá al proponerles un reto para la próxima convención bancaria, la de reducir las comisiones que se cobran por las remesas que envían nuestros connacionales desde los Estados Unidos.


¿Qué significado tiene la presencia del presidente en la Convención Bancaria? Desde luego que es parte del compromiso asumido de representar a todos los mexicanos, incluido ese importante sector del país. Algunas expresiones de la izquierda se sienten confundidas por el amplio diálogo que ha mantenido el presidente con representantes de estos altos intereses y los acuerdos que ha tomado con ellos. Y que parecieran contrastar con su pronunciamiento reciente sobre el “fin del neoliberalismo”. Mucha gente, ternuritas diría AMLO, criticó este dicho aduciendo que el neoliberalismo no se termina por decreto.


El presidente avanza a una velocidad tal que deja atrás a cualquiera que quisiera pedirle precisión teórica. Si observamos con todo detenimiento cada uno de los pasos que ha dado veremos que ha ido ganando terreno en su idea principal: recuperar la rectoría del Estado en los asuntos públicos, que en el periodo neoliberal se dejó a los intereses particulares, en especial a los del gran poder. Cuando se refiere al fin del periodo neoliberal sabe de qué habla. Desde el poder presidencial se dejó que corriera la corrupción, la impunidad, la desigualdad social, el poder de unos cuantos, el crecimiento de los negocios al amparo del poder público. El principio del fin del neoliberalismo está en la disposición presidencial de reorientar este poder, que en México es realmente decisivo, hacia una dirección enteramente contraria. Y hacerlo de tal modo que nunca se regrese a ese modelo de rapiña y de ambición desmedida que terminó afectando la base de supervivencia de nuestra nación y no sólo a los más desprotegidos.


El fuego del desastre económico y de inseguridad llegó hasta los aparejos de los sectores pudientes.Por eso incluso dentro de los ámbitos del poder se contó y se cuenta con simpatía hacia el proyecto transformador del ahora presidente. Por propio interés, los que empujaron o convivieron con el modelo económico neoliberal, ahora se dan cuenta de lo importante que es cambiar de rumbo.


No obstante, el proyecto de AMLO no ha variado desde que se propuso orientar la nave hacia un modelo incluyente, de responsabilidad social, de defensa de nuestros recursos naturales, de soberanía alimentaria y nacional. Y nunca se propuso excluir al sector empresarial, ni al bancario ni al financiero. Es preciso sí acabar con lacreación de riqueza individual a costa del patrimonio nacional; impedir que la corrupción sea un factor inherente al funcionamiento del sistema económico, político y judicial. Por eso se ve la mano firme del presidente cuando se trata de echar abajo un negocio faraónico como el que se pretendía con el nuevo aeropuerto de la ciudad de México, pero también hay una mano firme para no imponer regulaciones extremas y lograr buenos acuerdos con el sector bancario nacional. No es lo único que se va a hacer en esta materia, pero sí es un principio de entendimiento.


Y mientras tanto, todo esto permite que avancen a paso firme los programas sociales para equilibrar la balanza de desigualdades que venía imperando y llevar adelante el plan de inversiones públicas para detonar el crecimiento. Todo ello en la línea de poner el poder presidencial al servicio de una transformación que apenas comienza a vislumbrarse.


Marco Antonio Medina Pérez


marco.a.medinaperez@gmail.com

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