lunes, 18 de marzo del 2019
 
Por Maquiavelo
Columna: Se dice
Como pretendían convulsionar al gobierno de Peña
2019-03-13 | 07:58:16

Toda la gran historia política que se armó de manera perversa sobre la amenaza de la versión del entonces aspirante a la gubernatura de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares que iba a convulsionar el mundo político de México y que a última hora se le contuvo, por la vía del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, eran los videos que tenían sobre una tremenda borrachera del entonces gobernador Javier Duarte de Ochoa, donde revelaba que había entregado dos mil 400 millones de pesos para la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto. Los que lo vieron en esa enigmática ocasión dicen que salió de palomita, de lo tomado que estaba cargado por dos guaruras, a las cuatro de la mañana.


 Lo que se comentó en esa ocasión donde se le tomó video con los acostumbrados calambres para asustar a los pende…, se guardó celosamente siempre y cuando se le aseguraba al político choleño neopanista que no habría el menor obstáculo para quedarse como gobernador por dos años.


El maligno poder de la amoral prepotencia que ejercía Duarte ante la Federación durante su administración, era por esa escandalosa suma de recursos públicos por haber apoyado sustancialmente al mandatario mexicano.


Esa indebida acción ilegal era para el ejecutivo estatal lo que en su oscuro y nefasto interior lo justificaba para robar y dejar que lo hicieran su familia y amigos cómplices del gabinete, para dejar sumido al estado de Veracruz en el peor desastre financiero de la historia.


No había manera de sentir algún arrepentimiento o preocupación con ese blindaje político que le permitía realizar el brutal derroche realizado. Esa seguridad interior era lo que motivó a que en su última etapa quisiera ver desesperado sin ninguna cita al presidente de México, sobre todo cuando había cometido el gran error de su vida de presumir ante sus peores enemigos políticos el secreto del apoyo entregado en efectivo al mandatario priista en el poder.


Situación que se agudizó cuando perdió la gubernatura y tuvo la certeza de que sería perseguido y guardado en algún reclusorio.


Después surgieron las versiones que su detención estuvo arreglada y que se dio tiempo de despedirse de sus hijos y que su esposa pudiera viajar sin problemas a la Gran Bretaña. Acuerdos que le permitían que no fuera a una prisión en el Estado de Veracruz y con ello evitar ser el escarnio del pueblo al que sumió en la miseria. Sobre todo porque sería una cárcel manejada por los Yunes, donde los odiados presos políticos sufrían toda clase de vejaciones y violaciones, como los dramáticos casos de Arturo Bermúdez y Antonio Nemi Dib, entre otros, quienes durante meses no pudieron ver el sol y llegaban a golpearlos. Los sometían a horas de tortura donde les fracturaban los dedos y les aseguraban que iban hacer sufrir y matar a sus más cercanos familiares.


Lo ocurrido en Veracruz en los últimos meses de la anterior administración es tema de una espeluznante novela de terror. Escuchar a los protagonistas son relatos dantescos sobre la capacidad del ser humano para crear un apocalíptico y aterrador estado de pavor.


Ya no está Peña Nieto y todo se quedó en una amenaza frustrada, la revancha política que siempre ocurre, en estos casos, está por llegar.

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