viernes, 24 de mayo del 2019
 
Por Alfonso Villalva P.
Columna: ¿Crédulos?
¿Crédulos?
2019-02-08 | 08:04:39

El Maestro Bonifacio Padilla decía en su cátedra de sociología, que el problema de México, o uno de los problemas de México, es que sus habitantes más que creyentes somos crédulos.


La gran diferencia probablemente está en que buscamos quien nos solucione aquellos problemas que vemos inconmensurables, gigantescos, desproporcionados, de una manera fácil, de una manera prácticamente mágica.


Los códigos de comunicación han cambiado, de hablar del modo de producción, de hablar del neoliberalismo, de hablar de la inflación, de la disciplina macroeconómica, ahora estamos hablando de esa posibilidad, de ese sentir, de vivir algo que nunca habíamos podido tener, que siempre se nos había negado, que nunca habíamos podido heredar.


Esa posibilidad de afrontar nuestras necesidades cotidianas, nuestras necesidades ordinarias, las cuestiones más básicas, pueriles y mundanas de una manera más fácil, con dinero fácil, que llega fácil, sin ningún tipo de esfuerzo, sin intermediarios, sin ninguna obligación de dar algo a cambio, de generar una contraprestación por ese premio, por esa recompensa que es el ingreso que remunera el trabajo y el esfuerzo de los individuos.


Quizá ahí es en donde radica la magia que estamos viviendo en este inicio de la cuarta transformación, en ese momento donde alguien, hablándonos en códigos que entendemos en nuestro subconsciente, en esos códigos similares a los de la Virgencita de Guadalupe que promete que a través del intercambio de un sacrificio, de una abstinencia, a través una ofrenda, un exvoto, nos va a poder dar todo eso que hemos anhelado de manera mágica; esos códigos con los que hoy se nos comunica desde una conferencia mañanera que todo va a estar bien, precisamente, sin hacer ningún esfuerzo.


Se nos comunica que ahora no va a haber intermediarios entre el beneficio que sentiremos en la palma de nuestra mano con unos billetitos de cien o de doscientos pesos, que no tendremos realmente que estudiar, que no tendremos realmente que trabajar, parece ser que eso es lo que nos puede llevar al paroxismo de esta vida contemplativa, que mexicanamente estamos viendo como el inicio del Siglo XXI, en un momento en el que todo parece resolverse de esa forma inocua, indolora, casi intramuscular. Confiando en la palabra del líder o de sus delegados.


Pero esos códigos casi religiosos, esos códigos que entiende nuestro subconsciente, que apelan a esa naturaleza de crédulos, nos engañan porque todo lo que hoy parece beneficio es básicamente un elemento que nos alivia el dolor pero no nos cura la enfermedad, es algo que nos impedirá crecer, generar riqueza, ser productivos, tener esa capacidad de generar conocimiento, de generar valor social a través de medios de producción, a través de educación, a través de llevar nuestros talentos a su máximo potencial. Es decir, un engaño de sentir bonito en lugar a rompernos el lomo para crear algo que nos enorgullezca al final.


Niños que no podrán ir a una estancia infantil, mamás que tendrán que abandonarlos a ver dónde o tendrán que renunciar a su trabajo precisamente para cuidar a los niños, líderes que apelan a parches sociales como el cuidado de familiares a los niños en lugar de darles educación, de fomentar su desarrollo en edades tempranas y estudiantes que simplemente van a recibir dinero a cambio de supuestamente estudiar, gente que no tiene que trabajar, gente que no se tiene que esforzar, en lugar de distribuir riqueza creándola, fomentando la creación de esa riqueza, fomentando la creación de trabajos productivos para todas las edades, incluyendo la tercera, fomentando la creación de espacios educativos, fomentando el desarrollo de los niños en las edades donde es crucial para que tengan un éxito personal.


Estamos generando esta consciencia generalizada de simplemente recibir, llenar la panza y sobrevivir, sobrevivir cada día, sobrevivir año con año, y acaso cuando termine el sexenio, aspirar a tener ese guardadito de quinientos pesos que nos promete seguir sobreviviendo dos años más y después, ya veremos.


Después a ver en donde termina el país, en donde termina la sociedad, sin inversión, sin productividad, sin fomento a los talentos, sin educación técnica de rigor especializada para poder hacer de México lo que siempre pudo haber sido, una Nación grande de gran aportación hacía el mundo, o una máquina de hacer votos clientelares para beneficiar la elección siguiente...


Twitter @avillalva_


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