domingo, 21 de abril del 2019
 
Por Rafael Arias
Columna: Opinión
Primera llamada... Primera llamada
2019-02-05 | 11:04:27

Evidente y notorio; entre otros, crecen inseguridad, corrupción, pobreza, hambre y marginación.


El discurso político no coincide con los indicadores de desempeño; y en casos más frecuentes, discursos e indicadores no coinciden con la preocupación y demanda  social. Es notorio que aumentan inconformidades, protestas y reclamos.


En México, y desde luego en Veracruz, crece la desesperación de millones de marginados y sacrificados. Más, cuando los olvidados de siempre, perciben y viven condiciones que no mejoran, o lo hacen poco y para pocos. De ahí, que se sostenga y apoye la esperanza en un cambio verdadero.


Estudiosos y reconocidos expertos, en la caracterización de la realidad presente sostienen, que:


“Una de las razones por las que la gente percibe que está peor, aunque digan y aseguren que mejora la economía, y que suben indicadores como el Producto Interno Bruto (PIB), es porque está peor”…


“Hay ocasiones –según Joaquín Estefanía-, en las que se amplía la brecha entre el experto, seguro de sus conocimientos, y el ciudadano común cuya experiencia de la vida no coincide con lo que cuentan los datos. Esa brecha puede ser peligrosa, porque los ciudadanos acaban por creer que los están engañando, y no hay nada más demoledor para la democracia que esa desconfianza...”


(El País.030219)


En pocas palabras, lo que cada vez se comprueba, con mayor frecuencia, es que “la gente no ve la realidad de su vida reflejada en el relato oficial…” (David Pilling. El delirio del crecimiento, Taurus).


Es indiscutible que el intento de cambio se ha iniciado, y ya alcanza importantes aspectos de la actividad gubernamental, sobre todo, del Gobierno Federal.


Cierto, que por primera vez millones y millones están siendo considerados, al menos, con un apoyo, beca o subsidio.


Imposible ignorar el esfuerzo dirigido a la economía popular y el bienestar social. Falta conocer y analizar padrones y listas completas.


Pero para hacer la esperanza realidad. Hay que reconocer que la distancia entre el decir y el hacer, sigue siendo enorme; también, la diferencia entre ordenar y realizar, entre desear y obtener. O simplemente, hacer realidad lo prometido y comprometido.


Las diversas áreas y niveles del equipo, empiezan a mostrar sus capacidades y alcances, también sus incapacidades y limitaciones. Entendible que apenas empiezan y que muchos tienen que aprender bien y rápido, lo bueno y favorable a la sociedad; sin embargo, la intención demanda mucha atención, ya que lo malo y perjudicial, también puede aprenderse, imitarse y aplicarse.


De ahí que es alentador saber de la “primera llamada”, que es como recordatorio, “jalón de orejas” a todo servidor público que debe en verdad servir a la sociedad; y no sólo servirse del puesto, sus recursos, prestaciones y atribuciones.


EL COMIENZO DEL CAMBIO


Diversos puntos saltan a la vista, y vale la pena comentarlos aunque sea brevemente.


Empezar por evitar apresurados y exagerados juicios, hay que aplicar el principio de dar tiempo al tiempo, tener presente que apenas se empieza, que sólo han transcurrido dos meses; pero eso sí, también empezar a participar,  informase y reaccionar a lo que hacen y dejan de hacer, bien o mal.


Entender y aplicar, el principio de  la oposición y resistencia al cambio, esto es no será fácil, ni rápido y se requiere de capacidad, efectividad y congruencia.


Examinar que, además, ante la inobjetable victoria electoral se aplica el principio de la repartición del triunfo; como era y es de esperarse, salvo excepciones, han dispuesto compartir posiciones y cargos, primero y antes que todo entre ellos, entre quienes se han caracterizado por ser compañeros de lucha, amigos en el activismo y conocidos en la militancia.


Valorar también, el principio de la responsabilidad adquirida, frente a la realidad padecida; esto es, que más rápido de lo que se imaginan, han pasado y pasan, a ser servidores públicos y presuntos responsables, de recursos y atribuciones institucionales a su cargo, atención y cuidado.


Y, desde luego, exigir a cada uno que dice gobernar, que tiene que responder, con resultados positivos a confianza y responsabilidad otorgadas; y cumplir con todos los deberes y obligaciones que establecen las leyes, para el correcto y puntual desempeño del cargo. Resultados positivos, hechos comprobables, no disculpas, excusas y pretextos.


Por lo tanto, exigir a  todo servidor público sin excepción, permanente y puntualmente, cuando menos: comportamiento responsable y ético; cumplir y hacer cumplir las leyes; transparencia; acceso a la información pública; rendición de cuentas; fiscalización; y evaluación ciudadana y social.


Al comenzar un cambio de gobierno se espera que precisen y asuman responsabilidades y obligaciones; y, al mismo tiempo, que se definan la estructura y funciones, para determinar grupos y cargas de trabajo.


Quienes gobiernan, tienen facultades para nombrar e integrar su equipo de colaboradores, que son los primeros obligados a obtener buenos resultados, y a rendir cuentas tanto a quien los nombró, como a la ciudadanía y sociedad que los sostiene…y padece.


REVOCAR, SEPARAR Y RENUNCIAR


La responsabilidad ciudadana y social, empieza por exigir que se cumpla con la obligación gubernamental de informar y, al mismo tiempo, garantizar y fortalecer el derecho a saber; a comprobar, cada declaración e información oficial; a evaluar resultados, para proceder a otorgar confianza y apoyo; o, para señalar malo o peor.


En todo caso, es un derecho social asegurarse que todo gobierno sirve. 


Oportuno recordar a Karl Popper, quien afirma que conocidos los alcances de la condición humana y su siempre presente situación y tendencia a la falibilidad y al error, lo importante es preguntar: “¿Qué podemos hacer para configurar nuestras instituciones políticas, de modo que los dominadores gobernantes malos e incapaces, que naturalmente intentamos evitar, pero que no obstante, no resulta excesivamente fácil hacerlo, ocasionen los menores daños posibles y de modo que podamos deshacernos de los dominadores incapaces sin derramamiento de sangre?”


Prioritario someter a todo gobernante a la revocación de mandato. Hacerlo no sólo a nivel federal, como propone el presidente AMLO, sino también este año, a nivel municipal; y el año que entra, estatal.


¿El pueblo tiene los gobiernos que se merece?

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