miércoles, 26 de septiembre del 2018
 
Por Silverio Quevedo
Columna: En la mira
La noche azul que se volvió negra
2018-07-06 | 09:28:01

El domingo 1 de julio en el hotel Holiday Inn de la conurbación, al igual que en el año 2006 cuando la suerte le sonrió al jefe del clan, Miguel Ángel Yunes Linares, también se instaló el búnker panista y desde donde se tenía todo preparado para anunciar el tan “cantado” triunfo de la coalición PAN-PRD-MC a la gubernatura, pero que ésta vez, y con el mismo candidato enfrente que dos años antes, Cuitláhuac García Jiménez de MORENA, PT y PES, la película se tornó totalmente distinta.


A las seis de la tarde, antes del anuncio que desde ese hotel  hiciera en conferencia de prensa,  el entonces candidato del albiazul le notificó a su equipo de colaboradores que estaban 200 mil votos arriba. Quizá, pues no había otra forma, basado sólo en la encuesta de salida de la empresa de estudios Votia, que le mintió a Yunes Márquez o cuya información recogida a lo largo de la jornada electoral, evidentemente, no fue para nada precisa.


Bien dice Maquiavelo en su columna periodística, no se trata de hacer leña del árbol caído pero de que esa tarde y noche fue más que dificil para la familia Yunes y sus seguidores que sintieron seguro el triunfo lo fue. Por ello, el refrán “cuánto más alto, más dura será la caída” define claramente lo sucedido, pues al parecer no se estaba preparado para el giro que dio el comportamiento electoral de ese día.


A las seis de la tarde se manejaron las cifras ilusorias de los 200 mil votos que jamás se tuvieron reflejados en las actas.  Luego de su conferencia de prensa, el ex alcalde de Boca del Río, prefirió encerrarse en su privado, acompañado de su esposa Patricia Lobeira y algunos familiares, sabedor que las noticias no eran halagadoras.


En una de las habitaciones rentadas para esa ocasión permaneció durante las siguientes horas y se esperaba que a las 8 o 9 de la noche bajara a ratificar el anuncio del triunfo, cosa que jamás sucedió. Abajo sus colaboradores y seguidores estaban desconcertados.


Sólo se presentó la mamá del candidato, quien con el rostro desencajado tampoco asimilaba lo que ocurría.  En tanto, el equipo seguía sin recibir información alguna.


Pero conforme pasaban los minutos la noticia se iba regando y nublaba las aspiraciones de prolongar el mandato familiar en el gobierno de Veracruz, hasta que el panorama se tornó más que sombrío. Reunido con sus asesores antes de la medianoche  se decidió lo que ya no se podía ocultar más, a lo que tanto se resistía el abanderado de “Por Veracruz al Frente”, hablar de una posible derrota.


 Y fue cuando, en un corto mensaje por escrito, difundido diez minutos después de la medianoche expresaría:


“Aunque el conteo rápido dado a conocer por el Organismo Público Local Electoral no nos favorece, el resultado oficial es el que dictan los votos de cada una de las 10,595 casillas.


Es por ello que esperaremos a que el OPLE realice el cómputo definitivo de las actas, reiterando mi compromiso de respetar los resultados oficiales, sean cuales sean”.


Así vendría el lunes, cuando aún en el lugar se daría la controversia familiar que, según las versiones, llevó por un momento a una confrontación entre padre e hijo. Lo cierto es que sólo fueron diferencias en torno a si se preparaba la impugnación y por tanto, a no declararse perdedor.


La insistencia de Yunes Márquez fue ahogada por su padre el gobernador, para que desistiera de irse a los tribunales incluso con un documento de por medio emitido desde la ciudad de México que, muchos suponen,  sería lo que obligó a la determinación de salir públicamente a aceptar su derrota.


Lo que finalmente hizo en el mismo lugar con una nueva aparición ante los medios de comunicación la tarde del lunes 2 de julio, dando por terminada la escena trágica para los Yunes. Esta vez la suerte no le sonrió como cuando en ese mismo hotel festinó el triunfo en las elecciones municipales de Boca del Río por segunda vez, aquel 7 de julio del 2013.


EL PROYECTO DE 20 AÑOS


La llamada “Monarquía” que tanto criticó el entonces candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, fue el lastre en su término como en  su esencia misma, la que al final le restó un buen número de puntos al proyecto de extender el mandato y truncó el plan para apoderarse durante 20 años, al menos, del gobierno de Veracruz.


Según el esquema, los primeros seis años eran para Miguel Angel Yunes Márquez; los seis siguientes era darle paso a Julen Rementería aunque esto aún estaba en veremos,  y los siguientes seis para también hacer gobernador a su hijo Fernando, actual presidente municipal de Veracruz puerto. Y sumados así a los dos de Yunes Linares, completar dos décadas de régimen albiazul para el clan Yunes en alianza con el ahora senador electo, Julen Rementería.


También se le conocía pues, como el proyecto azul por 14 años, pero reducido solo a los Yunes, que comprendería los 2 del actual mandato, seis de Miguel Angel hijo y los otros seis para Fernando en forma continua, y cerrarle el paso a Julen por aquello de la desconfianza queno pudiera regresarles la pelota, una vez que asumiera el poder.


Para los Yunes el que sigue montado en el caballo se llama Fernando Yunes y sería desde donde pueden recobrar oxígeno para regresar  en busca del poder. Además de los seis meses que le restan al gobierno estatal, y esperar el reacomodo del partido en el escenario nacional con los Anaya y el bloque del arraigado panismo. Lo mismo que le depara a Veracruz un  reacomodo del partido con sus distintos grupos y corrientes.

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