viernes, 14 de diciembre del 2018
 
Por Marco A. Medina
Columna: La escena veracruzana
El privilegio de mandar
2018-05-09 | 09:01:24

El arte de la política conlleva entre otras muchas cosas el arte de la pedagogía política. Convertir una teoría compleja, una problemática complicada, en una sencillas frase o en una explicación comprensible para todo mundo, es una habilidad que sólo tienen los grandes líderes.


 


Andrés Manuel López Obrador ha desarrollado esta habilidad con fervor. Con la paciencia de un maestro de escuela que enseña a sus alumnos las operaciones matemáticas elementales,desde 2006 AMLO ha identificado a un grupo reducido de políticos y empresarios como ¨la mafia en el poder”, una forma de designar al grupo de un sector de clase, reducido a unas cien familias, que en los hechos constituye la oligarquía financiera mexicana y que, unida con una intrincada red de intereses a nivel internacional, definen desde hace tiempo los destinos económicos y políticos de México.


 


A propósito de los 200 años del nacimiento de Carlos Marx (ocurrido un 5 de mayo de 1818 en Tréveris, hoy Alemania), el filósofo que estudió a fondo el funcionamiento del sistema económico capitalista y descubrió las leyes de su desenvolvimiento, podemos recordar que debido a éstas el punto en el que hoy estamos es el de la hegemonía del capital financiero sobre el industrial, que conduce a una gran concentración de riqueza en unas pocas corporaciones financieras.


 


En México, lo ha señalado López Obrador, ya hace más de tres décadas que no tenemos un desarrollo medianamente autónomo sino el que han dictado los intereses internacionales representados por el FMI o el Banco Mundial.


 


Y la oligarquía mexicana, “la mafia en el poder”, se ha rendido a estos intereses debido a que de esa manera participa de la tajada de ganancias que le es permitida. Las llamadas reformas estructurales, iniciadas desde Salinas, son resultado de este contubernio.


 


Ha costado mucho trabajo hacer entender a una buena parte de los mexicanos, convertidos hoy en poderoso electorado, en que la complejidad de la situación económica del país se reduce a la permanencia de los intereses de esta “mafia” por encima de las prioridades nacionales.


 


Cuántas veces hemos visto a comunicadores o columnistas mofarse de este concepto elemental pero que ahora han hecho suyos millones de mexicanos. La mafia en el poder no quiere perder el privilegio de mandar en el país, ha dicho AMLO.


 


El diferendo que mantiene con la cúpula empresarial, no es con el grueso de los empresarios nacionales que sufren igual de la exclusión con la que han gobernado el país el conjunto de políticos y empresarios “amafiados”.


 


Andrés Manuel ha logrado aglutinar al grueso de los intereses de todas las clases sociales, incluyendo una buena parte de los empresarios excluidos. Este aglutinamiento tiene como contrapartida el aislamiento de la mafia en el poder y de los partidos políticos que la representan, el PRI y el PAN, con sus aliados. Esta estrategia ha dado resultado.


 


El “encontronazo” reciente con esta cúpula empresarial permite a Andrés Manuel definir con claridad ante el pueblo (pedagogía política pura) al adversario central, el que intentará por todos los medios detener la voluntad de la mayoría.


 


Hoy por hoy la “mafia en el poder” no encuentra una salida al reto que le plantea un AMLO en ascenso y con la mayoría del electorado a su favor. Meade se les cayó. Meade declinando por Anaya ya no es opción.


 


Parece que sólo les queda intentar que López Obrador no supere el 50% absoluto y evitar que tenga mayoría en las cámaras. Y rehacer fuerzas y unidad de acción para las intermedias del próximo sexenio. Por eso ahora ensayan el voto diferenciado.


 


Lo dicho, necesitamos un cambio verdadero.


 


 


marco.a.medinaperez@gmail.com

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