jueves, 20 de septiembre del 2018
 
Por Marco A. Medina
Columna: La escena veracruzana
La primavera mexicana
2018-03-21 | 08:00:12

La denominada primavera árabe barrió al principio de esta década con regímenes de larga data, como el de Muamar Kadafi en Libia o el de Hosni Mubarak en Egipto. Toda esa oleada democrática fue un símbolo mundial de lo que puede lograr el poder de la gente cuando se pone de acuerdo y concentra en movilizaciones demoledoras su fuerza para vencer a gobiernos poderosos y autoritarios.


 


Hoy en México inicia la primavera y coincidirá con el periodo de campaña electoral donde se definirá el rumbo de nuestra Nación. Lo que se vislumbra en la escena nacional y en la veracruzana es un periodo de mucho calor político y el surgimiento de una primavera a la mexicana que barrerá con el régimen conocido hasta ahora.


 


Semejante a la que se vivió en el mundo árabe, por su persistencia y fuerza, será sin duda muy diferente en cuanto a su dinámica y profundidad.


 


La posibilidad de llegar a un cambio histórico, del tamaño que hubo otras épocas fundacionales, es real. En México el ensayo de una primavera política se viene dando por décadas, no es un movimiento espontáneo.


 


Nunca como ahora habíamos vivido en México un proceso de transformación con una dirección única y una estrategia que se avizora victoriosa, frente a los desaguisados cada vez mayores de los personeros del régimen y de sus aliados.


 


Cada vez son mayores los signos de que se avecina una avalancha que no podrá ser detenida con ninguna de las acciones fraudulentas que el régimen ha llevado a cabo en otros momentos. Tendremos pues una primavera muy movida y escenas que se correrán del ámbito nacional y estatal en pocos minutos.


 


Después del registro de los candidatos ante el INE, ya se apunta Peña Nieto para intervenir en el proceso electoral, pues no otra cosa entendimos los mexicanos, acostumbrados a entender lo contrario de lo que afirma el presidente en turno, cuando en Perote, distrito del candidato de su partido al gobierno de Veracruz, afirmó: “el Gobierno de la República no va a intervenir, ni ha intervenido, ni intervendrá en el proceso político electoral”.


 


De igual manera hizo el retrato hablado del candidato que apoya, con “honradez, experiencia, honorabilidad, confianza, y garantía de que llevará a México por un rumbo de estabilidad y de orden”. Algo que ya no le corresponde ni de lejos decir y mucho menos en periodo de veda electoral.


 


Pero ese escenario sirvió para sopesar las diferencias entre el presidente y el gobernador Yunes y, quien sabe, para iniciar un proceso de unificaciones que tendrían que hacer pronto, ante el empuje del puntero morenista.


 


Lo cierto es que ya la primavera inicia. Y en Veracruz será de gran trascendencia lo que se defina en la escena nacional, pero sobre todo lo que los veracruzanos hagamos para que nos alumbre esta primavera.


 


MIENTRAS TANTO, en la escena veracruzana se recrudece la violencia y el Estado de excepción en que ha convertido Veracruz el gobernador Yunes, quien anuncia que la policía a su mando está facultada para el uso de la fuerza letal, incluso contra menores, cuando se responda un ataque “de manera proporcional”, a propósito de la muerte de 2 menores de edad en el municipio de Río Blanco.


 


La denuncia que pende sobre su secretario de Seguridad Pública y la incidencia delictiva que persiste a pesar de la promesa de acabar con ella en 6 meses, hace de Veracruz una de las entidades más necesitadas de que la primavera política llegue a barrer con todo el horror, incertidumbre y malos manejos que por años se han padecido.


 

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