miércoles, 12 de diciembre del 2018
 
Por Catón
Columna: De política y cosas peores
Una vergüenza más
2018-03-09 | 09:17:48

Pregunta: ¿Cuál es la enfermedad sexual más frecuente entre las mujeres casadas? Respuesta: el dolor de cabeza...


 


El pequeño Juanilito iba a celebrar su cumpleaños. Su papá se puso a inflar los globos para la fiesta. Cuando terminó la tarea Juanilito le dijo: “¡Qué mentirosa es mi mamá!”. “¿Por qué piensan eso?” -se sorprendió el señor. Explicó Juanilito: “Acabas de inflar más de cien globos, y mi mami les dice a sus amigas que tú ya no soplas”...


 


Doña Cebilia era una dama muy robusta, por no decir que extremadamente gorda. Le contó a una amiga: “Pasé una vergüenza muy grande. Me puse un vestido amarillo, y un tipo me silbó en la calle”. La amiga comentó: “Deberías sentirte halagada. Ese silbido era un piropo”. “No -aclaró doña Cebilia-. El tipo me silbó porque pensó que yo era un taxi”...


 


Hay que decirlo sin tapujos: Peña Nieto y Videgaray siguen dando motivos para que los mexicanos sintamos vergüenza. Eso de que el Presidente de la República haya recibido de igual a igual al yerno de Trump constituyó un grave error político y diplomático que puso otra vez a nuestro país en calidad de alfombra para que sobre ella pasara el prepotente mandatario norteamericano.


 


Tanto Peña Nieto como su amigo hicieron a un lado la representación nacional cuando aceptaron recibir a un enviado que ninguna personalidad legal tiene para establecer acuerdos.


 


Es criticable la forma en que el Presidente y su ministro manejan los protocolos de la diplomacia, y el modo en que atentan contra la investidura presidencial. Nada bueno debemos esperar del trato con los Estados Unidos si el mismo Presidente mexicano permite que se le trate así.


 


Una cosa es la prudencia y otra muy diferente el entreguismo. De nueva cuenta Trump nos ha humillado, y nuestros representantes han permitido que la dignidad del país sea menoscabada...


 


Dulciflor, linda muchacha, entró a trabajar en la empresa de don Algón. La secretaria del salaz ejecutivo le advirtió: “Ten mucho cuidado. El jefe es un viejo rabo verde. No dudo que en tu primer día de trabajo intente arrancarte la blusa”. “Qué bueno que me lo dices -agradeció Dulciflor-. Llevaré una blusa viejita”...


 


Capronio, ya lo sabemos, es un sujeto ruin y majadero. Fue al zoológico en compañía de su esposa y de su señora suegra. En un descuido de ésta el león le echó mano y la metió en su jaula. “¡Madre mía! -clamó llena de angustia la esposa de Capronio-. Y ahora ¿qué hacemos?”. “Nada -respondió imperturbable el individuo-. Que el león se las arregle como pueda. Él mismo se metió en ese lío”...


 


Naufragó un barco. El capitán y una hermosa pasajera se las arreglaron para llegar a una isla desierta. Dos años llevaban ya en ese paradisíaco lugar cuando le chica avistó un barco que se acercaba a la isla. Lo vio también el capitán y le dijo a su compañera: “Calculo que el barco tardará todavía una media hora en llegar. ¿Qué te parece si nos echamos el del estribo?”...


 


Don Chinguetas es un tarambana, un vivalavirgen, un calavera. Ninguna de esas palabras se usa ya, pero antes servían para designar al hombre de conducta ligera o despreocupada.


 


El talón de Aquiles de don Chinguetas era el sexo opuesto, y en ese renglón su cinismo y desvergüenza llegaban al extremo. Cierto día estaba con una amiguita en el restorán de moda cuando acertó a entrar en él su mujer, doña Macalota, que iba con amigas.


 


Vio ella a su liviano marido, fue a su mesa y lo llenó de improperios: “¡Canalla, infame, ruin, bribón, esposo infiel!”. “¡Ah! -respondió con la mayor tranquilidad el casquivano señor-. Tú has de ser mi cuñada Macalota. Y por lo que veo a mi hermano Chinguetas se le olvidó decirte que tiene un hermano gemelo”. FIN.


 


 


 


 


 


 


 


mirador


 


armando fuentes aguirre


 


 


Llegó el color rojo y me dijo de buenas a primeras:


 


-Soy el mejor color.


 


También de buenas a primeras le respondí que no creía yo que él fuera el mejor color. Se puso de todos colores y me preguntó, atufado:


 


-¿Por qué lo dice?


 


Respondí:


 


-Porque no hay un color que sea mejor que otro. Todos son diferentes, y todos son necesarios. Desde ese punto de vista el rojo vale tanto como el azul, el verde, el amarillo, el anaranjado o cualquier otro color.


 


El rojo se puso colorado. Le dije que en ese momento ese color era el que más le convenía, pero cuando se pusiera verde de envidia el verde sería el mejor color, y cuando se pusiera amarillo de coraje el mejor color sería el amarillo, y así sucesivamente.


 


No pareció entender lo que le dije. Enrojeció y se fue. No ha regresado.


 


¡Hasta mañana!...


 


 


manganitas


 


por afa


 


 


“...El cine mexicano está mejorando...”.


 


La declaración que citas


 


de veras que me ha alegrado


 


(Y también han mejorado


 


bastante las palomitas).


 


 


 


 

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