miércoles, 25 de abril del 2018
 
Por Marco A. Medina
Columna: La escena veracruzana
¿Qué celebramos el 5 de febrero?
2018-02-06 | 08:18:47
Han pasado 115 años desde que, un 5 de febrero de 1903, en el balcón de las oficinas de El Hijo del Ahuizote, cuya redacción dirigía Ricardo Flores Magón, colgara una gran manta con un moño negro y el siguiente epitafio: “La Constitución ha muerto”.

La Carta Magna a la que hacían referencia aquellos valientes periodistas era la de 1857, que había sido transformada en letra muerta por el régimen de oprobio y corrupción que se vivía bajo el Porfiriato.

Ayer se cumplieron 101 años de nuestra Constitución, la del 5 de febrero de 1917. Dan ganas de poner una manta similar a la que colgaron Ricardo y los suyos en su momento. Una dictadura hacía que los artículos constitucionales fueran letra muerta.

Hoy el método es algo más siniestro. Primero se viola la Constitución, luego se hacen leyes o reglamentos contrarios a la Constitución para darle cierto velo de legalidad a la violación y finalmente se le reforma para hacer pleno mandamiento de dicha violación.

Así han acabado con los tres principales artículos constitucionales que dieron su perfil revolucionario a nuestro ordenamiento fundamental. En el tema educativo, por ejemplo; después del impulso a la educación nacionalista, los regímenes neoliberales arrasaron con las bases de ese impulso, redujeron drásticamente los salarios y los presupuestos a la educación pública y se abandonó la responsabilidad primordial que correspondía al Estado en la educación media y superior.

El resultado ha sido que el carácter público, laico y gratuito de la educación, ha sido prácticamente borrado de la base original del tercero constitucional.

En materia agraria, después de la permisividad del latifundismo que privó durante años, el gobierno salinista promovió la reforma al 27 constitucional para meter al circuito capitalista las tierras que anteriormente eran inenajenables.

La resistencia campesina en muchos partes generaba una piedra en el zapato para las inversiones capitalistas, lo que finalmente fue removido con la reforma energética en el actual sexenio, que permite en los hechos la expropiación de comunidades y ejidos, para poner como primordiales las exigencias de tierra para las inversiones mineras, eléctricas y petroleras. Se reformó la Constitución para emparejar sus textos a lo que sucedía en la realidad.

En el caso de la rectoría del Estado en materia energética, los gobiernos neoliberales, tanto priistas como panistas, primero pusieron concesiones ilegales en manos de empresas extranjeras, después modificaron las leyes secundarias para esconder esa ilegalidad y después, en distintos tramos, reformaron la Constitución para entregar a consorcios nacionales y extranjeros una buena parte de la renta energética del país.

La última ronda de licitaciones concluida el 31 de enero es el último episodio de la entrega desfachatada del patrimonio nacional.

En materia laboral la Constitución también ha sido violentamente transgredida en beneficio de la flexibilidad en el trabajo, la extensión de la jornada laboral; y contra los derechos de huelga y sindicalización, la seguridad social y las prestaciones sociales.

En otros temas también se atropella la Constitución de manera reiterada y consistente, como sucede desde 2006, cuando Felipe Calderón sacó al Ejército y la Armada de sus cuarteles y les dio funciones policiacas. Ahora se trata de remediar dicha violación emitiendo una Ley de Seguridad Interior, lo que volvería legal lo que a todas luces ha operado en la ilegalidad.

En estos tiempos de celebraciones bicentenarias y centenarias, en este caso referidas a nuestra Carta Magna, hay una abrumadora cantidad de hechos que ponen en entredicho cualquier celebración.

Flores Magón decía en su momento: “Cuando ha llegado un 5 de febrero más (…) y sobre la tumba de la Constitución se alza con cinismo una teocracia inaudita ¿Para qué recibir esta fecha, digna de mejor pueblo, con hipócritas muestras de alegría?”.

No obstante, los jirones que aún quedan deben ser bandera de lucha de los que todavía creemos en el espíritu de la Constitución del 17.

Lo dicho, necesitamos con urgencia un cambio verdadero.


marco.a.medinaperez@gmail.com



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