miércoles, 25 de abril del 2018
 
Por Marco A. Medina
Columna: la escena veracruzana
Los cacicazgos del norte
2018-01-30 | 08:30:14
El norte de Veracruz sufre al triple la impunidad y el abandono institucional. Si nuestro estado fue abandonado a su suerte en los últimos sexenios, y se dejó hacer y deshacer en la total impunidad al gobernador en turno, bajo la mirada complaciente y cómplice del gobierno federal, en el norte veracruzano esa impunidad es triple, gracias al afianzamiento de varios cacicazgos.

El modelo es el mismo. Un patriarca se afianza en el poder municipal y desde ahí escala hacia una diputación federal o local y deja en el relevo municipal a un primo, un sobrino o un compadre.

En otra vuelta el patriarca repite y ya tiene a algún incondicional ocupando la curul local o federal, según haya sido el caso. Más adelante el jefe del clan vuelve a ocupar otro cargo de representación popular o alguna responsabilidad en el gabinete estatal y deja en los espacios vacíos al familiar en turno.

Desde luego que estos saltos se aseguran sólo con la permisividad del gobierno central y el uso impune del poder y el dinero.

No importan las siglas bajo las cuales se promuevan estos cacicazgos. Tanto el PRI como el PAN cobijan en sus filas la impunidad y la corrupción, signos distintivos de cualquier estructura nepotista que se afianza en el poder.

En el norte veracruzano encontramos dos casos emblemáticos de ese esquema caciquil que en pleno siglo XXI sigue floreciendo en nuestro estado.

En Tantoyuca el jefe del grupo, Joaquín Guzmán Avilés, ejerce como secretario en el actual gobierno de Yunes Linares, después de un largo historial que se inicia en 1997 como presidente municipal de Tantoyuca, cargo que repite en 2 ocasiones más, y dos ejercicios como diputado local.

Su hermano Jesús acaba de dejar su puesto al frente de la presidencia municipal a otro hermano, Amado Guzmán, el actual presidente municipal de Tantoyuca. Una cuarta hermana, María del Rosario era diputada local y al mismo tiempo suplente del senador Fernando Yunes Márquez, quien al ser nominado candidato a la presidencia municipal de Boca del Río, dejó su escaño a la hermana de Guzmán Avilés.

En Chicontepec esta historia se repite. El cacique mayor ocupa una curul en el Congreso veracruzano, desde donde administra los asuntos locales, encargados hasta hace apenas un mes a su sobrino Pedro Toribio Martínez, pero ya ahora en manos de su hijo Pedro Adrián.

En Manuel Martínez pesan acusaciones graves contra opositores. Una de ellas fue la agresión perpetrada contra Gonzalo Vicencio, el secretario general de MORENA en Veracruz, quien el 4 de junio pasado, como candidato a la alcaldía por ese partido, fue perseguido, secuestrado y golpeado brutalmente por huestes del cacique de la región. También su esposa, la licenciada Guadalupe Argüelles sufrió el secuestro y las horas de angustia y terror que conlleva.

A pesar de la justa y muy bien integrada denuncia que presentaron Gonzalo y Guadalupe por la criminal acción ejercida contra ellos el 4 de junio pasado, la Fiscalía General del Estado ha retrasado la integración de la carpeta de investigación y el procesamiento de los inculpados.

Esto fue justamente el reclamo de Gonzalo Vicencio durante la comparecencia de Jorge Winckler. Y da en el blanco porque denuncia el maridaje del poder central con los cacicazgos del norte veracruzano.

Veamos: el Fiscal de Veracruz fue puesto por Yunes Linares en dicha responsabilidad y se encarga de cumplir sus instrucciones; por su parte el cacique en funciones de diputado local ha transitado del PVEM hacia el manto protector del PAN, el partido del gobernador, que con esos acuerdos quiere afianzar la candidatura de su hijo a la gubernatura. Puros arreglos de familia. Es lo que impera en Veracruz y sus regiones.

Lo dicho, necesitamos con urgencia un cambio verdadero.










marco.a.medinaperez@gmail.com



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