lunes, 24 de septiembre del 2018
 
Por Uriel Flores Aguayo
Columna: Previo al remolino electoral: Paz
Previo al remolino electoral: Paz
2017-12-22 | 09:19:48
Estamos en los últimos días del año 2017, momentos de reflexión, balance y afectos, tanto por cronología como por recesos laborales y escolares, sin matizar la incidencia fundamental que tiene la religión en las actividades sociales. Salvo casos excepcionales, por decisión propia o circunstancias especiales e ineludibles, la mayoría de la gente, característica de los xalapeños, por ejemplo, donde buena parte de su población laboral se ubica en el servicio público, se reúne y celebra, brinda, intercambia regalos y expresa buenos deseos. Son tiempos especiales, más humanos, días largos que permiten encuentros y reencuentros de amigos y familias, de repasar los días transcurridos, de ponerse al tanto de la vida de los demás, de los seres queridos, de contar las altas y las bajas (muertes y nacimientos), de anunciar uniones matrimoniales y embarazos, de comunicar los nuevos proyectos y los propósitos del Año Nuevo o de los que siguen.

Habemos de todo, las personalidades más diversas, con carácter distinto, extrovertidos e introvertidos con sus matices, los que no solo abrazan y hablan a todo mundo sino que les cantan y bailan, como, también, los que tienen dificultades en varios grados para convivir y acercarse a los demás. Es un gran momento, de miradas y sentimientos singulares, con la gran prueba de manifestarnos en toda nuestra condición y calidad humana, para hablar con otros y los afines, para buscar al alejado, para perdonar y disculparse, para tener el valor de reunirse con los que están molestos, con los que dudan y con los que critican; en el papel que sea no seremos ajenos a esta temporada, no pasará de largo, nos dejará algo que nos permita decir por mucho tiempo que en la Navidad y fin del año 2017 hicimos eso y aquello, que hubo algo bueno, regular o malo.

Las amistades y la familia son los pilares de nuestra vida social y condición personal, en torno a ellas se viven y reproducen los valores humanos fundamentales; no podríamos vivir normalmente fuera de esos ámbitos y figuras. Para que se realice el círculo virtuoso de vivir en esas condiciones no se requiere ideología o siglas partidistas, basta la calidad humana con sus cualidades inherentes de dignidad, personalidad e individualidad. Cuando esas relaciones se generan y recrean fundamentalmente en las actividades políticas, en similitudes ideológicas o basadas en creencias religiosas evidentemente son parciales y limitadas, sujetas a coyunturas, a desencantos colectivos y misterios o paradigmas sobrehumanos. Lo común en la sociedad es el encuentro de los diversos en lo sencillo y cotidiano, donde no se requiere más que la necesidad básica de comunicarnos, de andar acompañados, de ver por nuestros seres queridos, de corresponder al amigo, de querer y ser queridos. La buena fe, la bondad, el compañerismo y el amor a la familia no pasa por ideas políticas, votos, personajes o siglas partidistas.

Tal vez estos sean los últimos días en que podamos reunirnos sin tener que defender, opinar, promover o cuestionar a los candidatos a algún cargo público, especialmente a Gobernadores y Presidentes. Son días para nosotros y los nuestros. Se acercan las fechas electorales en que todo se colorea por causas políticas, la sociedad se polariza, los amigos y las familias se alejan por sus simpatías electorales, se ocupa más tiempo atendiendo el día a día de los personajes que se quieren sacrificar por nosotros, se descubre o inventa un ánimo proselitista y se portan distintivos de colores que muestren las inclinaciones. Al menos así será temporalmente, como lo hemos vivido al menos en el 88, 2000, 2006 y 2012, años vertiginosos y polarizantes. Habrá quien crea, incluso, fatalistamente, que estamos ante una especie de fin del mundo, influidos por los discursos tremendistas de quienes le apuestan a los actos súbitos y mágicos, a la llegada de un salvador. Nada más falso e inútil, los cambios verdaderos son resultado de un proceso y la participación colectiva de la ciudadanía.

En fin, somos plurales y votamos o nos abstenemos, y veremos que siempre después de la tormenta viene la calma. Habrá elecciones y la vida seguirá. No vale la pena perder amigos o familiares por simpatías políticas.

Recadito: un abrazo afectuoso a mis pacientes y persistentes lectores, que tengan unos días llenos de afectos y salud.

Ufa.1959@gmail.com








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