martes, 23 de julio del 2019
 
Por Catón
Columna: De política y cosas peores
Legal sí, pero no legítimo
2017-11-27 | 08:06:32
La muy discutida decisión del Trife ha hecho de Miguel Ángel Riquelme Solís el gobernador legal de Coahuila. Legal, sí, pero no legítimo. Diferencia grande hay entre esas dos calidades, aunque ambos vocablos parezcan ser sinónimos.

Lo legal lo determina la ley. Lo legítimo es lo verdadero, lo genuino y cierto. De la norma deriva lo legal. Lo legítimo, en cambio, se gana con hechos; se demuestra en obras.

La legalidad la determina un órgano del Estado. La legitimidad derivará en este caso únicamente de la opinión de los ciudadanos, de la vox pópuli. Riquelme llega al cargo por virtud de una elección que sus opositores denunciaron como plagada de irregularidades.

El Tribunal Federal, cuya decisión es final e inapelable, desestimó esas argumentaciones y dio el triunfo al candidato priista sin atender denuncias que los magistrados rechazaron no obstante su procedencia.

Por ejemplo, para los coahuilenses es deleznable, y aun risible, la posición del Trife en el sentido de que no hubo injerencia del actual gobernador, Rubén Moreira, en el proceso que condujo a la elección de Riquelme.

A la vista de todos estuvo el hecho de que por más de un año una gran parte de los recursos del Estado se destinaron a Torreón, de donde era alcalde el candidato priista, a fin de fortalecer su candidatura, promovida abiertamente por el propio gobernador y por sus allegados.

Las inversiones que ahí se hicieron llegaron al extremo de lo absurdo: se construyó un teleférico que los mismos laguneros tachan de dispendioso e inútil.

Hay que señalar, por cierto, que las elevadas sumas que Moreira destinó a favorecer a su candidato no rindieron fruto: el PRI perdió aplastantemente en Torreón, tanto en la elección de alcalde como de gobernador.

La decisión final del Trife, obvio es decirlo, no fue del gusto de la oposición, y dejará inconformes a miles de coahuilenses, aquellos que en manifestaciones nunca antes vistas en Coahuila -así fueron de numerosas y vehementes- salieron a las calles a protestar por el proclamado triunfo del priista y contra el régimen que la gente ha llamado moreirato.

A pesar de todo eso -“haiga sido como haiga sido”- Riquelme es ya gobernador por ley. Tal calidad, recibida de la autoridad electoral, debe ahora ser reconocida por todos, aun por quienes objetaron la victoria del priista. No puede ser de otra manera. Aun impugnado Miguel Riquelme es el próximo gobernador de Coahuila.

Incontables coahuilenses piensan que su gobierno será una lamentable continuación del moreirato, y que el nuevo gobernante estará sujeto a los dictados de su antecesor. Personalmente pienso que eso no sucederá.

Hay evidencias de palabra y obra en el sentido de que el nuevo gobernador ha empezado ya a tomar distancia de quien lo precedió en el cargo. Habrá que darle el beneficio de la duda, y apoyarlo a fin de que gobierne sin interferencias.

Para legitimar su gobierno -para legitimarse- deberá Riquelme romper todo vínculo con el moreirato, reprobado en forma unánime por los coahuilenses. Deberá igualmente denunciar las ilegalidades cometidas durante ese oscuro período, y los casos de flagrante corrupción que se presentaron en el sexenio que ahora llega a su fin.

Una nueva etapa se iniciará en la vida política de Coahuila si el nuevo gobernante cumple su promesa de no admitir la influencia de aquel a quien sucede, y si corrige los efectos de su autoritarismo, con el cual el actual gobernador dividió al Estado e implantó un sistema persecutor y represivo contra toda disidencia.

A los coahuilenses nos toca ahora unirnos por el bien de Coahuila. No hay interés más grande que ése. Todos debemos trabajar por él. FIN.







mirador

armando fuentes aguirre


San Virila salió de su convento. Iba a la aldea a buscar el pan para sus pobres.

La mañana era fría. Caía la nieve, y el cierzo helaba los seres y las cosas. El frailecito sintió pena por aquellos que no tenían ropas de abrigo, ni un techo donde guarecerse, ni un amor o un recuerdo que les tibiara el alma.

Al llegar a la aldea entró en el templo del lugar. La iglesia estaba a oscuras. Ardía sólo en el altar la tenue llama de una lamparilla de aceite. El santo la tomó en sus manos, salió a la calle y la alzó en alto.

En ese punto la débil flama se convirtió en un sol resplandeciente que iluminó la aldea y puso en ella un suave calorcillo de verano.

En eso salió el cura de la parroquia. Le reclamó airado a San Virila:

-¿Por qué tomaste la lámpara que ardía en el altar de Dios?

Repuso el frailecito:

-Porque la luz de Dios, y su consuelo, deben salir del templo para bien de todos.

Así dijo Virila. Y el sacerdote ya no dijo nada.

¡Hasta mañana!...



manganitas

por afa


“...Concurso de belleza universal...”.

Francamente, se diría

que la mencionada empresa

no es concurso de belleza:

es más bien de cirugía.



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