miércoles, 18 de septiembre del 2019
 
Por Catón
Columna: De política y cosas peores
Fácil selección, difícil elección
2017-11-24 | 09:36:04
Lord Feebledick terminó de leer el Times después del desayuno, y fue a su alcoba a vestirse para la comida. Lo que en el aposento vio arrebatóle su tradicional flema británica: lady Loosebloomers, su mujer, estaba en el lecho conyugal realizando con Wellh Ung, el mebrudo mancebo encargado de la cría de faisanes, lo que los soldados del Cuarto Regimiento de Calcuta llamaban “the old in and out”.

A la vista de aquella mayúscula indecencia se le alteraron a milord los cuatro humores corporales: sangre, pituita, bilis y atrabilis. Fuera de sí le gritó al infame follador: “¡Villano malnacido! ¡Te voy a enseñar!”. “Cálmate, Feebledick -le dijo lady Loosebloomers-. Él es el que tiene mucho que enseñarte a ti”...

Don Algón hizo instalar una báscula en la oficina para que los empleados controlaran su peso. Dijo la secretaria Rosibel: “No es necesario el aparato. Yo puede adivinar el peso de cualquier hombre”.

“¿Ah sí? -dudó el gerente-. A ver: ¿cuánto peso yo?”. Contestó Rosibel sin vacilar: “77 kilos 800 gramos”. Subió el hombre a la báscula, que marcó ese peso exacto, “Y yo -preguntó el cajero- ¿cuánto peso?”. “65 kilos y medio” -dijo Rosibel. Se pesó el empleado: tal era su peso, ni un gramo más ni un grado menos. “Ahora dime -la retó don Algón-. ¿Cuánto pesa la caja fuerte?”. “Eso sí no sé -confesó Rosibel-. Nunca he tenido encima una caja fuerte”...

Todas las evidencias públicas indican que en el ámbito privado Luis Videgaray es el alter ego de Enrique Peña Nieto. Y el Presidente acierta al confiar en él: salvo el mayúsculo error de la malhadada invitación a Trump el actual secretario de Relaciones Exteriores ha mostrado inteligencia y eficacia en el desempeño de los cargos que le ha encomendado su cercano amigo.

No es de extrañar, entonces, que el mandatario le haya encargado a Videgaray destapar al tapado. Los ditirámbicos elogios que el Canciller hizo de José Antonio Meade constituyen un anticipo claro de que el secretario de Hacienda será el candidato priista no priista, salvo alguna sorpresa que a estas alturas del partido -aquí sí cabe la expresión- sería mayúscula.

Se va cumpliendo puntualmente, en forma tersa y fluida, el ritual sucesorio del PRI, sin las complicaciones del llamado Frente Ciudadano y sin la ridícula simulación que Morena, es decir López Obrador, pretende realizar para nombrar su candidato a la Presidencia, candidato que AMLO nombró ya con su nombre desde hace muchos años.

Si se confirma la postulación de Meade, el PRI, es decir el Presidente, habrá escogido bien. El secretario de Hacienda es el mejor entre quienes aspiran a la candidatura oficialista, y quien más posibilidades tiene de enfrentar con éxito a Morena y a la alianza PAN-PRD-mc. Su selección parece fácil. Su elección será difícil...

Doña Solina, reciente viuda, le contó a su comadre Chala lo que le había sucedido. “El compadre Pitongo -relató- vino a mi casa dizque a darme el pésame. Después de abrazarme cuatro veces me dijo: ‘Ahora que está usted sola y su alma, y solo también su cuerpo, cuente conmigo para lo que sea’.

Eso me dijo. Y yo seria, seria. Siguió el compadre: ‘Usted sabe, comadrita, que siempre me ha gustado’. Y yo seria, seria. Continuó: ‘Quisiera llenar el hueco dejado por mi finado compadre, que en la gloria esté’. Y yo seria, seria.

Luego me propuso: ‘Si me permite usted administrarle lo que el difunto dejó estoy dispuesto a pasarle una mensualidad mensual de 100 mil pesos, comprarle cada año coche nuevo y poner a su disposición una tarjeta de crédito sin límite de gasto”.

Intervino en ese punto doña Chala: “Y usted seria, seria, comadre”. “No -contestó doña Solina-. Ahí sí ya me ganó la risa”. FIN.











mirador

armando fuentes aguirre


En la puerta de una iglesia protestante en Nueva York miré hace años un letrero que decía:

“Entra. Aquí no vienen extraños. Vienen sólo amigos que aún no conocemos”.

Pienso que cada uno de nosotros debería llevar en sí, invisible, un cartel igual. Si así fuera, en cada prójimo veríamos un posible amigo, alguien que con su trato nos enriquecería.

A causa de infortunadas circunstancias la desconfianza nos rodea, y vamos por la vida recelando unos de otros, y cuidándonos todos de todos. Parece que llevamos en nosotros el letrero opuesto:

“No entres. Aquí no hay amigos. Hay sólo extraños que no queremos conocer”.

Si no confiamos en los demás la vida se nos hará imposible. Seremos prisioneros del temor; sospecharemos hasta de nuestra sombra.

Pensemos que los buenos son muchos, y muy pocos los malos, y abramos nuestra puerta a los amigos que aún no conocemos.

¡Hasta mañana!...



manganitas

por afa


“...Una modelo gordita gana millones de dólares...”.

Noticia tan singular

admite una explicación:

la modelo -con perdón-

tiene mucho qué enseñar.

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