domingo, 16 de diciembre del 2018
 
Por Daniel Badillo
Columna: Hagámoslo siempre
Hagámoslo siempre
2017-09-28 | 10:13:09
Conmueve, en verdad, la solidaridad del pueblo mexicano. Conmueve observar ríos y ríos de gente apoyando y donando víveres a las familias que lo perdieron todo. En la tragedia, México se une y sale adelante.

Por doquier vemos a jóvenes, mujeres y hombres sumando esfuerzo y voluntad para rescatar heridos. Las imágenes se multiplican por todo el país. Centros de acopio donde llegan toneladas de alimentos, ropa, medicamentos, zapatos y agua embotellada.

La desgracia hace florecer los sentimientos más nobles de los mexicanos. Pero esa desgracia no solo se origina en las catástrofes. Hay desgracias que se viven diariamente en los rincones más apartados del país.

En comunidades indígenas, en pueblos olvidados, en colonias marginadas donde el hambre y la falta de oportunidades son recurrentes.

Si esa misma voluntad y esas ganas de apoyar las multiplicáramos no solo en las tragedias sino en la vida cotidiana, México sería otro. Juntos podríamos dar un poco de lo que tenemos para apoyar a quienes nada tienen.

No haría falta que nuestro país sufriera los embates de huracanes o sismos para unirnos. Si todos dedicáramos un día a ayudar a los demás, cambiaríamos la realidad de muchos de nuestros hermanos.

Y a veces no es necesario ir muy lejos para hacerlo. En el barrio, con los vecinos, con los propios familiares que padecen hambre o carencia de lo elemental para sobrevivir. Cierto es que en la desgracia, los apoyos son urgentes para atender a los damnificados.

Sin embargo, si este esfuerzo -insisto- lo hiciéramos siempre, con lo que esté a nuestro alcance, podríamos –en verdad- transformar la vida de otros.

Basta señalar que de acuerdo con un estudio publicado en julio pasado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), más del seis por ciento de la comida que se desperdicia en el mundo proviene de países de América Latina y el Caribe “lo que equivale a 348 mil toneladas de alimento al día y 127 millones de toneladas al año”.

Según el estudio, “esta región pierde alrededor de 15 por ciento de sus alimentos disponibles para consumo, a pesar de que 47 millones de sus habitantes padecen hambre”.

Este ejemplo demuestra que si nos organizáramos, si lográramos distribuir alimentos, ropa, víveres a comunidades marginadas, a personas en condición de pobreza extrema, podríamos ayudar a muchos hermanos sin esperar a que ocurra una catástrofe para hacerlo.

Mientras tanto, aprovecho para reconocer a voluntarios, organizaciones civiles, medios de comunicación, Fuerzas Armadas, rescatistas, socorristas, bomberos, empresarios y a todos quienes en estos momentos de tribulación han apoyado a los mexicanos de manera incondicional sin esperar nada a cambio.

Eso demuestra el gran amor que tienen por nuestro país y seguro estoy que Dios habrá de multiplicar en sus hogares ese esfuerzo con bienestar y bendiciones para ellos y para sus familias. En verdad, muchas gracias.


POSDATA

Y ya que hablamos de personas solidarias, quiero destacar la labor de una coatepecana ejemplar, joven con un gran corazón que se trasladó a la Ciudad de México y a otras entidades afectadas por el sismo, para brindar auxilio y solidaridad a nuestros hermanos en desgracia. Me refiero a Tizania Quijada López, quien junto con un grupo de jóvenes voluntarios repartieron víveres y participaron en labores de apoyo a damnificados. Para ella y su familia, mi mayor reconocimiento y aprecio.


mariodanielbadillo@hotmail.com




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