lunes, 24 de septiembre del 2018
 
Por Uriel Flores Aguayo
Columna: Todo está mal o todo está bien
Todo está mal o todo está bien
2017-08-27 | 09:28:33
Históricamente la polarización de posturas y opiniones han determinado el comportamiento social y político, este tiempo no es la excepción; tenemos una dificultad fuerte para los matices y la generosidad. Es más fácil, evita pensar mucho y hace simple la identidad, adoptar posturas absolutas de considerar que todo está bien o todo está mal, según el lugar donde nos ubiquemos.
En el fondo hay componentes autoritarios, de renuncia a pensar, nulo compromiso de Estado cuando se trata de actores políticos. Se niega el pluralismo a partir de auto concederse el mejor papel y descalificar a los otros. Ese es un eterno debate, la limitación de no entender y reconocer al otro, al diferente.
Lo veo en tiempo real, a todo color en Veracruz, donde el debate público tiene todos esos ingredientes con el agregado de una coyuntura especial que se sale de cualquier normalidad: exgobernador preso, arcas vacías, entorno violento en exceso, alternancia política, etc. No solo en el debate, entre bizantino y esquemático, pobre e intrascendente, sino en los hechos, en la conducta de los actores políticos.
Sin que sea todavía notable seguramente hay por ahí posturas del todo está bien o mucho mejor a lo vivido en la decena trágica en Veracruz, espero que no se llegue a consolidar algo así. Donde no hay duda en su dinamismo y abundancia es en el campo del todo está mal; es una postura sistemática, mayormente dolosa, interesada, fácil, que no se compromete a nada, que se abstrae del colectivo privilegiando afanes facciosos.
En ambos casos se carece de autocrítica y de crítica constructiva; no se reconocen las fallas propias, solo se ven en el de enfrente y se empeñan en destruir. Hay una carencia de valores democráticos que implican convivencia y reconocimiento dentro de la pluralidad.
Viven para reafirmar sus posturas, como opositores u oficialistas, buscando todos los días el defecto y el error del adversario que, en muchos casos, ven como enemigo, para seguir convencidos de estar en el lado correcto.
A partir de esos círculos viciosos se cancela o dificulta el diálogo, sin este no hay acuerdos y se abre paso a la siempre desgastante confrontación. Sobre esas bases de nulo o poco entendimiento es mucho más difícil la gobernabilidad y El Progreso.
Apesadumbra observar los comportamientos de las oposiciones locales, con un discurso tan pobre y sin ánimo propositivo, lleno de ocurrencias y lugares comunes, de autoconsumo y autoregodeo.
Incumplen con el mandato electoral y omiten que son lo que la gente les da. Al anteponer intereses partidistas a los de los ciudadanos desnaturalizan su papel y se vuelven parte del problema que dicen querer resolver.
Mientras la oposición se amuralle para no asumir responsabilidades mayores y dialogar con todos su papel será marginal y anecdótico. Puede, incluso, defraudar a sus votantes que, como todos en todo el mundo, buscan empleo, vivienda, escuelas, hospitales, recreación y seguridad. No se conforman, más allá de breves coyunturas electorales, de puros rollos.
Alguien tiene que dar el primer paso siempre, haya o no respuesta, como voluntad democrática, como expresión de calidad política. Lograrlo supone un escalón civilizatorio, entonces no es nada fácil; implica humildad y autocrítica.
En un ambiente de permanente y grosera confrontación, aumentado en esta coyuntura de preparativos electorales de carácter federal, puede ser una ingenuidad plantear otros y más positivos comportamientos políticos y sociales; pero no hay de otra, señalamos esa ruta y hacemos algo o vamos a la repetición de los enfrentamientos, el inmovilismo y la frustración popular...
Recadito: Lo mejor de la vida no pasa por siglas políticas o seudo ideologías....
ufa.1959@gmail.com
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