viernes, 22 de febrero del 2019
 
Por Gaudencio García
Columna: Plana Mayor
¿El papel de Bety en el Duartegate?
2017-08-05 | 16:20:31
En esta trepidante y enconada lucha sorda del bienio aliancista contra los 300 truhanes del mofletudo discípulo, ahijado y compadre del exgóber y excónsul Fidel Herrera, Javier Duarte, ¿Cuál fue el papel de Bety de Toro en la caja de Pandora del Duartegate?
Beatriz, “Bety” para sus cuates, la eficiente secretaria particular porteña desde la Subsecretaría de Finanzas y Administración en el régimen fidelista, después en la Sefiplan hasta coronarse en Palacio de Gobierno cuando su adorado jefe fue ungido como gobernador, le tocó ser testigo cómo Duarte se trasformó en un discípulo de Calígula.
La prosperidad también abrazó a Bety. De vivir en un modesto departamento por allá del 2004-2010, la eficiente secretaria particular conquistó la opulencia a partir del 2010 hasta el 2016, de acuerdo con testimonios de su círculo de sus íntimos y amigos ¿Qué secretos guarda celosamente de su jefe?
¿Qué sabe de las empresas fantasma? ¿Cómo se utilizó la red para el manejo de las transferencias bancarias que se triangulaban de la Sefiplan a los amigos de Duarte? Un alud de preguntas, dudas e inquietudes quedarán para la posteridad en el baúl secreto de Bety del Toro.
Tiene todo el derecho de guardar celosamente los secretos del jefe y amigo. Si no rompería con las normas más elementales del ser humano: la ética y la lealtad. No es el caso de la eficiente, afable y discreta exsecretaria particular de Duarte. Pero estos valores inalienables están visto que a muchos políticos les estorba y los envían olímpicamente al cesto de la basura.
Es el caso de la actuación de Juan Manuel Castillo y Vicente Benítez González, exmiembros de la cofradía duartista y cómplices del saqueo, que hoy sostienen pactos con su inquisidor MAYL como diputados locales por medio de los drenajes de la Legislatura local, para lograr inmunidad después del 2018. ¿A qué precio? ¡Pronto lo veremos!
Veracruz se fue hundiendo paulatinamente del 2010 al 2016 ante la vista de todos y, nadie, de Los Pinos, de la Segob, de la PGR, del Congreso de la Unión, con la excepción de la Auditoría Superior de la Federación y el viejo zorro priista Manlio Fabio Beltrones Rivera-aunque éste último pegó el grito tardíamente cuando Veracruz se desquebrajaba electoralmente-, fue capaz de parar el desenfreno del gobierno cleptócrata que lo dejó prácticamente hechos añicos.
El gobierno aliancista atrapado en la ceguera, el odio jarocho patológico y en el implacable juez para cortar cabezas del Duartegate, no se ha dado cuenta que la campaña electoral terminó el 5 de junio de 2016 y que a partir el 1 de diciembre del 2016 tiene que gobernar con las neuronas frías, templado y prudente.
Pero le ha ganado las vísceras, por encima del estado de derecho y el imperio de la ley que debiese prevalecer en Veracruz. La irresistible caja de Pandora venció la tentación del góber en turno y sus 300 testaferros, acabó convirtiéndose en un gobierno cleptócrata.
Veracruz no le pide nada a los violentos y fundamentalistas hermanos de Siria, Afganistán o Corea del Norte, con sus debidas proporciones, por supuesto.
El mensajero, el vínculo entre la sociedad civil y el Estado, vive en la zozobra y en el terror mediático del gobierno aliancista de que en cualquier momento pueda ser sacrificado por supuestos nexos con el crimen organizado o victima colateral de la guerra formal contra la hidra del narco.
Ya sea por plomo o juicio sumario el bienio aliancista, en lugar de aportar toda la información a la PGR, se recurre a la campaña mediática sumaria o la criminalización contra el mensajero. Su estridencia, megalomanía y rijosidad lo tienen contra la pared.
Veracruz se desangra ante la apatía de Los Pinos y el Congreso de la Unión, se convirtió un estado disfuncional. La clase política en el poder vive en su paraíso terrenal y les vale un bledo los problemas transversales de la vapuleada sociedad civil y ciudadanos de a pie.
La élite política vive como sultán, mientras las clases populares, el lumpen social rulfiano tiene que hacer entripados y vivir como faquir porque no hay fuente de empleos, ni estímulos para el ejército de desempleados.
Y ni modo, el Estado no le deja otra alternativa, al igual que a los policías no acreditados por el SNSP, más que emplearse con el crimen organizado, donde la paga, aunque utópica, es generosa para salir de la humillante pobreza y marginación que provocó el Estado mexicano y los gobiernos locales. ¡Terrible! Comentarios a gau41@hotmail.com

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