miércoles, 19 de diciembre del 2018
 
Por Leo Zuckermann
Columna: Elecciones: lo que está en juego
Elecciones: lo que está en juego
2017-06-02 | 09:32:38
El PRI fue el gran perdedor de las elecciones del año pasado. De 12 gubernaturas que estuvieron en juego, ganó cinco: Hidalgo, Tlaxcala, Zacatecas, donde ya gobernaba, Sinaloa y Oaxaca, que recuperó.

En contrapartida, perdió siete gobiernos estatales: Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Quintana Roo, Tamaulipas, Puebla y, la joya de la corona, Veracruz. El dirigente nacional del PRI en ese momento, Manlio Fabio Beltrones, había prometido ganar nueve de las doce.

No obstante, el PAN le pasó por encima, lo cual fue reflejado en el debate que organizó Joaquín López-Dóriga la noche de la elección. El joven dirigente panista, Ricardo Anaya, se le fue a la yugular a Beltrones, quien se vio apabullado. Unos días después, Manlio dejaría la presidencia del PRI.

Algo similar podría ocurrir este domingo.

Y es que no se ve nada bien el panorama para los priistas. Las más recientes encuestas demuestran que, con toda probabilidad, perderán la gubernatura de Nayarit. En Coahuila y en el Estado de México, sus candidatos están empatados en el primer lugar, una situación que nunca le ha favorecido al PRI, ya que los votantes que deciden hasta el final suelen hacerlo en contra de este partido.

Todo indica, y yo así lo creo, que el tricolor perderá tres de tres gubernaturas que actualmente gobierna. Además, la debacle electoral, que empezó en Veracruz el año pasado en las elecciones de gobernador, continuará: el PAN y Morena se repartirán la mayoría de las alcaldías de ese estado.

No obstante, y como es lógico, el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa, insiste en que su partido ganará las tres gubernaturas. “Carro completo”, como se decía en sus épocas gloriosas. Esto, desde luego, no sucederá. Si bien le va al PRI, retendrá una gubernatura. Si saca la bola fuera del estadio, se quedará con dos.

Lo más importante es la joya de la corona que está en juego este año: el Estado de México. No sólo es la entidad con más electores del país y con un presupuesto anual de más de 260 mil millones de pesos, sino que es el gran bastión histórico del priismo, cuna del legendario Grupo Atlacomulco, el estado que gobernó Peña y desde donde lanzó su exitosa candidatura presidencial.

No hay duda de que para el Presidente sería un evento muy duro en lo político, y muy triste en lo personal, el que su partido pierda, por primera vez desde su fundación, la gubernatura del Estado de México. Por eso, el gobierno federal está volcado para ganar en esa entidad.

El hecho de que el PRI esté en niveles de 25-30% de las intenciones de voto es ya una pésima noticia para Peña, quien ha apapachado a su estado como a ningún otro: es el que más ha visitado y al que más recursos le ha inyectado.

Pero los mexiquenses están enojados por la inseguridad y la corrupción. Nadie, ni el mismísimo Presidente, puede revertir un ambiente así. Por eso, yo creo que el PRI va a perder el domingo en el Edomex.

Si es así, las cosas se les complicarán muchísimo a los priistas rumbo a la sucesión presidencial de 2018. Primero, porque ganará Morena en el Estado de México, es decir, López Obrador. Y el lunes nos vamos a cansar de escuchar que el tabasqueño va en caballo de hacienda rumbo a Palacio Nacional y que el PRI está muerto para el 18.

Desde luego, esto no es cierto. Todavía falta mucho para la elección del año que entra. Lo que sí es cierto es que, de perder en el Edomex, el PRI y Peña quedarán debilitados y AMLO fortalecido.

Algunos priistas van a aprovechar esta situación para minar al grupo peñanietista en el partido. Muy al estilo del tricolor, el Presidente les ofrecerá la cabeza de Ochoa, como lo hizo con Beltrones, para calmar los ánimos.

Se deberá, entonces, elegir a un nuevo dirigente nacional que bien podría ser el próximo candidato presidencial. Yo no tengo duda: Peña es el que lo elegirá, aunque esté debilitado porque ningún priista tiene el poder del Presidente y ningún priista se atreverá a desafiarlo abiertamente.

Puede ser que lo presionen, que Peña tenga que negociar con ellos, pero, al final, él solito, al estilo priista, decidirá la candidatura presidencial del PRI.

Ahora bien, si el tricolor se levanta con la victoria en el Edomex, los priistas, Ochoa y Peña podrán dormir más tranquilos en los meses por venir con la ilusión de que su partido sí puede ganar en 2018. No es poca cosa. Mucho se juega el PRI este domingo en el último proceso electoral antes de la sucesión presidencial.


Twitter: @leozuckermann
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