sábado, 22 de septiembre del 2018
 
Por Daniel Badillo
Columna: Náuseas
Náuseas
2017-04-19 | 09:08:09
La sonrisa irónica, retadora y cínica de Javier Duarte de Ochoa tras su detención, lo menos que produce es náuseas.

Algunos han pretendido “justificar” la risa aduciendo que fueron los nervios los que condujeron al malnacido ex gobernador a posar socarronamente frente a las cámaras, pero lo cierto es que se trata de un acto más de desvergüenza de quien dejó sumido al estado en la peor crisis económica, política, social y de seguridad de la que se tenga memoria.

Náuseas igualmente las que se producen al saber que a su esposa no la tocarán ni con el pétalo de una averiguación previa, pues de acuerdo con las autoridades no existe delito alguno en su contra.

Difícilmente habrá alguien en el futuro que pueda igualar el record de corrupción, indolencia e indiferencia de este par de rufianes, quienes se burlaron en todo momento de la buena fe de los veracruzanos. Pero no sólo fue Duarte quien demostró podredumbre como ser humano, sino toda la red que lo encumbró en el poder y que le permitió llenarse las alforjas de dinero público.

Duarte no solo avergüenza al priismo, sino a todo el país y a la especie humana pues a sabiendas de que no sería tocado, hizo y deshizo a su antojo burlándose de la miseria en que viven millones de veracruzanos a quienes prometió que reduciría la pobreza en un 50 por ciento.

Su círculo cercano, a quienes hizo alcaldes, síndicos, regidores, diputados y funcionarios de primer nivel en su gobierno, también debe rendir cuentas de sus actos. No es suficiente verlo en prisión porque el daño a la hacienda pública y a los veracruzanos es irreversible.

Aunque las autoridades lograran algún día rescatar parte del botín de este malnacido, el tiempo no puede detenerse. Los hospitales, las carreteras, las escuelas, las obras de desarrollo social que no se hicieron porque este desgraciado se llevó el dinero, nunca más serán realidad. Y eso implica un daño irreparable para la gente.

Es de reconocerse que se haya detenido a este maleante pero el pueblo demanda justicia hasta sus últimas consecuencias. Y eso significa proceder contra todos aquellos que lo ayudaron a escapar, pero también contra aquellos con quienes vació las arcas públicas.

Tan malo uno como los otros, pues pareciera que el único responsable es Duarte cuando es vox populi que fueron muchos quienes se beneficiaron de la cercanía política y afectiva de quien nunca debió ser gobernador.

Es la fecha en que todo mundo se sigue preguntando en qué momento se escogió a Duarte como candidato del PRI a la gubernatura, a sabiendas de su incapacidad y su enanismo intelectual y político. Cual relato kafkiano, Duarte sufrió una metamorfosis que hizo que aflorara en él lo peor del ser humano.

De aquel joven bonachón del que todos se mofaban por su tono de voz y su rechoncha figura, no quedó más que la risa burlona que siempre lo caracteriza. El odio que llegó a sentir por su mentor, lo trasladó a los veracruzanos a quienes hizo pagar cada regaño y cada burla, hurtando el patrimonio del estado.

El gobierno federal tiene frente a sí una gran oportunidad para demostrar que la lucha contra la corrupción y la impunidad va en serio. ¿Cómo? Procediendo, insisto, contra aquellos que contribuyeron en la quiebra del estado y en el incremento de la pobreza y la inseguridad que venimos arrastrando desde hace años.

Duarte sólo es la punta del iceberg. El siguiente paso es recuperar los bienes y los recursos sustraídos ilícitamente, y meter a prisión a quienes de la noche a la mañana se hicieron millonarios, pues muchos de ellos apuradamente y tenían para comer y vestir hasta hace apenas doce años. El pueblo demanda justicia. Ojalá algún día la tenga.


mariodanielbadillo@hotmail.com
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