sábado, 22 de septiembre del 2018
 
Por Francisco J. Ávila Camberos
Columna: La democracia falsificada
La democracia falsificada
2017-03-25 | 10:47:44
En los países verdaderamente democráticos, donde el nivel cultural de la ciudadanía es superior al nuestro, las campañas políticas para determinar quiénes ocuparán los cargos de elección popular implican postular a los mejores, mantener debates de altura donde se confrontan ideas, propuestas y programas que ayuden a esa nación a solucionar los retos que enfrenta.

Si bien no existe en la práctica la democracia perfecta, sí hay de niveles a niveles. Resultan por eso mucho mejores la democracia inglesa, la francesa, la suiza, la costarricense y hasta la uruguaya; que la mexicana y la venezolana.

En el caso de México, para desgracia nuestra, la democracia funciona a media máquina. Es por eso cara, defectuosa e ineficiente.

Con candidatos frecuentemente muy malos y sin experiencia alguna o con mucha experiencia pero para lo$ negocio$, acaban los partidos políticos dándonos a los ciudadanos gato por liebre. (Algunos candidatos se salvan y resultan buenos, pero son muy pocos ).

Explicaré la razón:

Si bien los votantes tenemos la opción de elegir a quien queramos, solo podemos escoger a uno de los que están inscritos en la boleta electoral, mismos que fueron colocados ahí por la santa voluntad de los partidos políticos, en base a arreglos y negociaciones cupulares.

Por eso, rara vez toman en cuenta a los ciudadanos; a pesar de que somos nosotros quienes con nuestros impuestos los mantenemos.

Eso no es lo más grave. A veces, ni la mitad de los electores acuden a votar, lo que implica una grave falta de conciencia y de responsabilidad cívica para con nuestro país.

Sin embargo, la ciudadanía que sí se anima y acude a votar, intentando corregir con su voto las desviaciones en que ha caído nuestro sistema político, solo tiene la opción de escoger entre candidatos que son impuestos por los partidos en base a negociaciones que se dan arriba.

Esos políticos de nuevo cuño, no siempre se distinguen por su experiencia, honradez y capacidad; sino por sus relaciones políticas, por los intereses creados que representan y hasta por sus lazos familiares con quienes mandan.

Habrá excepciones desde luego, pero desafortunadamente son bastante escasas.

Esto implica que los miles de millones de pesos que anualmente gastamos en mantener a todos los partidos políticos, al INE y demás organismos electorales, son en buena parte tirados a la basura, porque los partidos injustamente nos presentan candidatos de tercera, como si fueran de primera.

Si a esto le agregamos el elevado nivel de corrupción, la impunidad existente y la falta de participación ciudadana, nos explicaremos el porqué el país tiene tantas carencias y anda dando tantos tumbos. Eso sí, para desgracia nuestra, surgen al término de cada administración, una gran cantidad de políticos multimillonarios que dejan el cargo, seguros de que gracias a sus amarres y a los recovecos y huecos que tienen las leyes, no les pasará nada.

Algunos creen que este sistema tan nefasto cambiará por sí solo. Esto es un grave error. No cambiará, porque afectaría sus propios intereses.

Por eso, el cambio que anhelamos para mejorar lo tenemos que impulsar nosotros los ciudadanos, siendo más responsables, superándonos, opinando, denunciando lo que está mal y participando.

Realmente no hay otra alternativa.

¿No les parece a Ustedes?

Muchas gracias y buen fin de semana.







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