domingo, 23 de septiembre del 2018
 
Por Francisco J. Ávila Camberos
Columna: El enojo social
El enojo social
2016-05-14 | 09:49:21
Un fenómeno está surgiendo en nuestro país y seguramente dará mucho de qué hablar en los próximos meses. Me refiero al enojo social, que va en aumento. Este se da porque hay molestia entre la población al notar que a pesar de los grandes esfuerzos hechos, hay avances mínimos y en algunos casos hasta retrocesos. Razones hay de sobra: Gastamos en educación pública cientos de miles de millones de pesos al año y la calidad de ésta va en picada, lo que frenará nuestro desarrollo. Esto se debe, en buena parte, al ausentismo irresponsable y a la falta de compromiso con México de quienes con cualquier excusa suspenden las clases, a pesar del daño que les causan a niños y jóvenes. Hay enojo social debido a la alta inseguridad que padecemos, lo que obliga a los ciudadanos a vivir con permanente temor. Hay enojo social por la facilidad con que algunos delincuentes confesos son liberados bajo la excusa de que hubo fallas en el debido proceso y en lugar de reponerlo para corregir los errores cometidos, se les libera; fomentando la impunidad y la proliferación de los delitos. Hay enojo social cuando para invertir y crear fuentes de empleo se habla en los discursos de la simplificación administrativa, cuando en realidad inventan cada vez más trámites y trabas para abrir un negocio, lo que complica las cosas, quita tiempo y genera gastos que acaban desanimando a los emprendedores. Esto, cancela inversiones y frena la creación de empleos. Hay enojo social cuando los habitantes de la capital de la república tienen que soportar los dobles hoy no circula, porque el gobierno importa combustibles de baja calidad, altamente contaminantes, que no cumplen con las normas ambientales internacionales. Hay hartazgo social cuando vemos que a los políticos que saquean el erario público, en lugar de encarcelarlos, les dan otro cargo para protegerlos o los mandan de candidatos para aprovechar el fuero que les da una diputación. Hay hartazgo social cuando en los hospitales públicos faltan medicinas y los enfermos hacen largas filas para ser atendidos. Cuando se suspenden cirugías, porque los equipos están descompuestos o el aire acondicionado no funciona. Hay hartazgo social cuando el dinero de nuestros impuestos se usa para mantener partidos políticos de membrete, que son simples compar
sas de otros y se han convertido en verdaderos negocios operados por sus dirigentes. Hay hartazgo social cuando el dinero de nuestros impuestos no se emplea para que tengamos calles sin baches, alumbrado público que encienda, agua potable que no escasee y escuelas públicas con baños dignos; sino que se utiliza para ganar elecciones mediante despensas y últimamente hasta con televisiones. Hay hartazgo social cuando algunos dirigentes empresariales que podrían usar su talento y su cargo para impulsar a través de las cámaras y organismos afines los cambios que México necesita para mejorar, se han vuelto simples aplaudidores de las ocurrencias de los políticos en turno. Hay enojo social cuando las esperanzas de cambio que generan las elecciones se diluyen al ver a candidatos que se alquilaron para dividir el voto opositor y otros más, desesperados porque su campaña no levanta, ofrecen lo que sea, aún sabiendo que no podrán cumplir. Por eso, hay quienes prometen casas, empleos, préstamos y lo que se les ocurra, olvidando que las finanzas públicas están quebradas. Bien dicen que el prometer no empobrece. Hay enojo social cuando un candidato que se anuncia como honesto y simpatizante de las causas populares, tiene dos plazas de maestro de tiempo completo y además cobra como diputado. Sería bueno saber cómo le hace para atenderlas y además cumplir con su trabajo como legislador. Hay enojo social cuando legisladores locales, absurdamente maniobran para heredarle el cargo al hijo o a la esposa, como si estuviéramos en una monarquía y no en una democracia. Lo mismo pasa con el alcalde que impulsa a su esposa como candidata a diputada. Otros más, abusando de la ignorancia y de la escasa memoria de algunos ciudadanos, ofrecen que combatirán las lacras del sistema. Curiosamente ya no se acuerdan que son parte del mismo sistema, de los mismos vicios y del mismo partido. Déjenme decirles que a pesar del enojo social, deberemos los ciudadanos tener el ánimo suficiente y el pleno convencimiento de que la única manera civilizada, segura y confiable de salir adelante, es con unidad, con participación ciudadana y desde luego con nuestro voto razonado. Un voto que deberá ser emitido de manera responsable y libre. ¿No les parece a Ustedes? Muchas gracias y hasta el próximo sábado
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