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Peña o Anaya, dilema de Yunes
 
 
Por Raymundo Jiménez
2017-10-26 09:51:59
Columna: Al pie de la letra
 
Vaya conflicto de intereses y de lealtades que está por enfrentar el gobernador Miguel Ángel Yunes, quien primero como priista y ahora como militante del PAN, siempre ha sabido jugar en la cancha que más le conviene en cada sucesión presidencial, sin reparar en siglas o filias partidistas.

En 1988, como ya se sabe, fue un furibundo apologista de Carlos Salinas de Gortari, pese al fraude electoral que lo llevó a la Presidencia de la República.

Cuatro años después, como secretario de Gobierno con el salinista Patricio Chirinos, Yunes resultó un feroz perseguidor de los neocardenistas que acababan de fundar el PRD, partido que en 2016, aliado con el PAN, le cumplió el sueño de gobernar Veracruz.

En 1994 se la jugó con otro salinista: Luis Donaldo Colosio, asesinado a media campaña electoral. Entonces tuvo que operar para el candidato sustituto Ernesto Zedillo, quien al final de su mandato, en 1999, incorporó a Yunes en la Secretaría de Gobernación.

Primero como coordinador de asesores del titular Francisco Labastida Ochoa –quien sería postulado candidato presidencial del PRI–, y luego como director general de Prevención y Readaptación Social y asesor de la Subsecretaría de Seguridad Pública, a cargo de su compadre Jesús Murillo Karam.

En esa sucesión presidencial, la del año 2000, perdió Labastida pero Yunes sobrevivió políticamente, pues por su cercanía con la maestra Elba Esther Gordillo, el presidente Vicente Fox lo designó en enero de 2005 subsecretario de Seguridad Pública y, posteriormente, el 30 de enero de 2006, lo nombró secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

En 2006, ni él ni la profesora Gordillo apoyaron al candidato presidencial priista Roberto Madrazo, quien después de la derrota electoral del 2000, como dirigente nacional del tricolor, incorporó a Yunes en la Dirección Jurídica del CEN del PRI y, en 2003, lo hizo diputado federal plurinominal.

Al igual que la lideresa del SNTE, Yunes apoyó al panista Felipe Calderón, quien había iniciado su campaña presidencial en tercer lugar en las encuestas. Y, con él, nuevamente volvió a ganar Yunes, pues el 1 de diciembre de 2006 lo nombró director general del ISSSTE, y en febrero de 2010 lo impuso como candidato del PAN a la gubernatura de Veracruz.

En 2012 habría pactado con el gobernador Javier Duarte apoyar a Peña Nieto para que ganara en Veracruz, a cambio de que los priistas le aseguraran la senaduría de primera minoría a su hijo Fernando Yunes Márquez, pero Miguel Ángel incumplió.

Con Peña su relación no es tan buena como ha pretendido aparentar. En octubre del año pasado amenazó al Presidente con dar a conocer información que “cimbraría a México” si el TRIFE le anulaba su impugnado triunfo electoral.

Y todavía en diciembre, en su toma de posesión, fanfarroneó con una supuesta investigación acerca de la red y destino de recursos públicos que en 2012 habrían sido trasladados en helicóptero desde Veracruz a un edificio de la zona conurbada de la Ciudad de México.

Por eso suena inverosímil esa versión de que Yunes pretendería negociar con Peña Nieto la gubernatura de Veracruz para su primogénito a cambio de impedir que López Obrador gane en el estado.

¿El mandatario panista apoyaría al candidato presidencial del PRI que impondrá Peña? ¿A poco Ricardo Anaya, dirigente y aspirante del PAN a la Presidencia, quien después de las elecciones del Estado de México y Coahuila rompió políticamente con el mexiquense, le entregaría la candidatura del Frente Ciudadano por México al junior boqueño, a sabiendas de la tentación traicionera de su padre?

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