sábado, 23 de junio del 2018
 
Por Marco A. Medina
Columna: La escena veracruzana
Los sismos de septiembre: la salida neoliberal
2017-10-03 | 09:44:13
Para la clase gobernante los efectos de los sismos de septiembre sólo son datos que conviene meter en una computadora y sacar de ella escenarios de control de daños con el menor costo posible.

Se trata de que el sistema económico siga funcionando con sus niveles de ganancia adecuados, sin restar un milímetro las tasas que obtienen los consorcios internacionales y evitando a toda costa otorgar concesiones a la gente que a la larga provoquen “distorsiones” en el sistema. Todo lo demás es populismo.

Tanto Peña Nieto como Mancera, el gobernante de la ciudad de México, llaman a la reconstrucción sin comprometer los recursos presupuestales en curso, ni limitando los gastos superfluos, suntuarios y excesivos de sus respectivos gobiernos.

Prometen créditos a los que perdieron sus casas o negocios, no ayuda directa ni solidaria para reconstituir sus proyectos de vida.

Prometen apoyos, no el ejercicio de un derecho, el que les da ser mexicanos víctimas de las fuerzas de la naturaleza y, en muchos casos, de la corrupción inmobiliaria y de funcionarios públicos.

No se cambiará el rumbo para permitir el crecimiento económico y la generación de empleo, como lo exige la emergencia nacional. No se modificará el proyecto de presupuesto para 2018. Sólo se harán ajustes menores, dice Meade. Ya nos avisarán al rato que siempre sí se necesitó restringir los gastos sociales destinados a la población en pobreza para destinarlos a otros pobres caídos en desgracia. Una prioridad se cambiará por otra. Nada que afecte el modelo económico, ni los privilegios de los gobernantes ni los grandes negocios, como el del aeropuerto de la ciudad de México.

Por otro lado, se convocará a los consorcios amigos a invertir en la reconstrucción, con lo que se continuará con las transacciones indebidas entre el poder público y los sectores más poderosos del país.

En este marco es posible entender mejor lo que actualmente sucede en la clase gobernante y la competencia en la que están enfrascados sus partidos por ver “quien da más”, al renunciar al financiamiento público.

Desde luego que la emergencia que ellos pretenden atender no es la de la gente afectada en varios estados de la República, sino el peligro mayor de que MORENA y su líder Andrés Manuel López Obrador amplíen la ventaja que llevan hacia las elecciones del año venidero.

Combatida primero como sacrilegio a la legalidad, hoy todos los partidos tradicionales retomaron la propuesta del líder morenista y presentan iniciativas y exhortos a la autoridad para deshacerse lo más pronto posible del financiamiento público, como si se tratara de dinero maldito.

Pero lo que realmente está en juego no son los 6 mil 450 millones que se entregarían a los partidos en 2018, sino salvar el negocio que significa seguir lucrando con los más de 5 billones de pesos del presupuesto federal, de los cuales unos 500 mil millones se van por el caño de la corrupción. París bien vale una misa, dirán. O bien, para retener 500 mil bien vale perder 6 mil 500.

Por ello, la respuesta a fondo ante la situación de emergencia no puede centrarse en los centavos del financiamiento a los partidos, sino en el propio rescate de la Nación y de sus inmensos recursos naturales, patrimoniales y presupuestales, para beneficio de todos los mexicanos.

Sólo de esa manera se podrá ayudar realmente a las decenas de miles de damnificados de estos terremotos y del sismo nuestro de cada día que vivimos desde hace varias décadas.

Lo dicho, necesitamos un cambio verdadero.


marco.a.medinaperez@gmail.com




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