miércoles, 14 de noviembre del 2018
 
Por Francisco J. Ávila Camberos
Columna: El populismo es contagioso
El populismo es contagioso
2017-07-01 | 14:12:13
Todos sabemos que el actual salario mínimo es insuficiente para cubrir
las necesidades elementales de cualquier familia y sabemos también
que éste debe subir para mejorar el nivel de vida de quienes lo ganan.
Lo que no todos saben, es que la única manera de aumentarlo sin
generar inf lación, ni desempleo; es incrementando la demanda de
puestos de trabajo mediante la inversión productiva y mejorando la
productividad.
Este son los únicos caminos seguros de alcanzar la meta propuesta.
Subir los salarios por decreto, sin tomar en cuenta la capacidad económica
de cada empresa, especialmente de las microempresas, es demagogia
pura, revestida de populismo barato y electorero, porque si bien algunas
empresas pueden pagar más, otras tendrían que despedir trabajadores
o incluso cerrar, al no poder otorgar el aumento citado. El aumento de salarios sin incrementar la producción, genera inicialmente la idea de que la economía
familiar se beneficiará, sin tomar en cuenta que tarde o temprano saldrá
perjudicada, porque los salarios son parte de los costos e incrementándolos
produciendo exactamente lo mismo, simplemente aumentará los costos
por unidad producida, generando un obligado incremento de precios.
Hay que aclarar que en la carrera precios y salarios, estos últimos siempre
pierden, porque los precios suben con mayor rapidez que los salarios.
Si ante la cascada de aumentos el gobierno intentara controlar los precios
por decreto, solo provocaría escasez y complicaría más las cosas.
Como estamos en una economía globalizada, cada vez que nuestros product os suben de precio, resulta más complicado exportarlos, porque son más
caros y por lo tanto, para poder competir, nuestra moneda debe devaluarse.
Las devaluaciones nos hacen entrar en un círculo vicioso, porque automáticamente todos los insumos que importamos suben de precio, lo que aumenta otra vez los costos y dispara nuevamente los precios, pulverizando así los nuevos salarios.
La situación que aquí narro ya la vivimos en México durante los años
70s y 80s del siglo pasado, cuando los salarios subían dos veces al año
con incrementos acumulados hasta del 50%, mientras que la inflación
se disparaba al 150% anual y aun que los salarios llegaron a rebasar
los 12 mil pesos diarios, resultaban insuficientes. Para medio enderezar
la economía el gobierno mexicano, tuvo que celebrar varios pactos con
los sectores productivos, lo que le permitió empezar a controlar la inflación galopante que teníamos. Por cierto, al peso le tuvieron que quitar 3 ceros.
Muchos quizás ya no lo recuerdan, pero en esa época llegaron a escasear
muchos productos, entre ellos: la leche, los jabones y hasta la pasta de
dientes. Si los aumentos por decreto solucionaran los problemas de
pobreza, ¿por qué Venezuela está sumida en una profunda crisis,
si el último incremento de sueldos decretado por Maduro fue del 50%?
Subir los sueldos, sin aumentar la producción es un error.
Es simplemente darle atole con el dedo al pueblo que los políticos
dicen querer defender y proteger. Como no todas las empresas están
en la misma situación económica, las que están en mejores condiciones
deben subir los sueldos un mayor porcentaje que aquéllas que están
en crisis. Medir a todas con el mismo rasero, es erróneo y peligroso.
Para realmente ayudar a México, cada empresario tiene la obligación
moral de aumentar la productividad, reducir sus costos y canalizar parte
de lo que ahorre en pagarles a sus trabajadores los mejores salarios que
pueda. Esa sí es justicia social. Lo demás es rollo barato y electorero.
Más cuando hace declaraciones y manifestaciones de este tipo pidiendo
aumento salarial por decreto la dirigencia nacional de la Coparmex, en
pleno Monumento a la Revolución.
Si un empresario puede pagar más a sus trabajadores, que lo haga.
Eso es actuar con verdadera responsabilidad social.
Para hacerlo no necesita pedirle permiso al gobierno, ni requiere salir a
manifestarse, porque convierte una obligación moral de quienes recibieron
mayores talentos, en un acto exhibicionista y populachero. No cabe duda
de que el populismo barato es contagioso y que el pueblo que no conoce
su historia, termina repitiendo los mismos errores del pasado.
¡Cuidado, no sea que por confiados la historia se repita! No les parece
a Ustedes? Muchas gracias y buen fin de semana.
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