martes, 22 de mayo del 2018
 
Por Francisco J. Ávila Camberos
Columna: Todos somos culpables
Todos somos culpables
2016-07-16 | 10:00:00
Cuando observamos lo que está pasando en México, muchos somos los que nos preocupamos por lo que sucede. Tenemos una moneda que se devalúa de manera constante, una inseguridad que alarma, un endeudamiento creciente que parece impagable, un enorme y cínico saqueo de los recursos públicos, que a pesar de tantas fiscalías y contralorías, sigue tan campante y tan impune como siempre. Para mayor desgracia nuestra, tenemos una clase política que salvo excepciones honrosas y muy escasas, carece de la preparación, sensibilidad y habilidades necesarias para gobernar con sensatez, eficacia y justicia. Esa nueva clase política nos dijo que con la reforma energética bajarían la luz y la gasolina, pero tal y como lo temíamos, hizo exactamente lo contrario. Esa misma clase política dice combatir la corrupción, pero en los hechos demuestra exactamente lo contrario. También nos dice que vamos bien, mientras las reservas del Banco de México bajan, caen las exportaciones de vehículos y el sur del país está convulsionado. Todo esto termina restándole mayor credibilidad al sistema. Ante el vacío de poder que genera la excesiva tolerancia e incapacidad de las autoridades, han surgido hordas de delincuentes disfrazados de profesores afiliados a la CNTE, quienes luchan por conservar supuestos derechos concedidos poco a poco por quienes para evitarse problemas y gobernar a su antojo, sin oposición, ni contrapeso alguno, les regalaron prestaciones y carretadas de dinero público a organizaciones radicales para tenerlas contentas y controladas. El monstruo que crearon, ya creció y ahora engallado exige cobrar sin trabajar y lucha por conservar sus privilegios. Esas organizaciones cuyos líderes son puros vividores, reclaman lo que consideran derechos, pero violan impunemente los derechos de los demás. ¿No sabrán estas personas que para que la sociedad funcione, cada derecho debe estar siempre equilibrado con una obligación y que los derechos se adquieren con trabajo eficaz y buenos resultados, no con paros, gritos y sombrerazos? ¿Que se han creído estos vándalos que queman camiones, bloquean carreteras y refinerías, apedrean a la policía, saquean tiendas, destruyen oficinas y dejan sin clases a cientos de miles de
estudiantes? ¿En qué clase de país vivimos donde todos estos desmanes se toleran, donde se agrede a ciudadanos pacíficos, mientras que a los agresores no se les toca ni con el pétalo de una rosa?. ¿Quién pagará los daños y las pérdidas que estos delincuentes causaron a quienes nada tenían que ver con el conflicto?. ¿Quiénes son los responsables de todo este desorden? La respuesta es muy dura: Los responsables somos en buena parte nosotros los ciudadanos. Vivimos en un país donde con nuestra indiferencia y apatía nosotros mismos ayudamos a ponerlo de cabeza. ¿No me lo creen? Solo necesito que Ud. amable lector me diga con franqueza: ¿Qué porcentaje de electores cree que acude a votar?: Cuando mucho la mitad. A veces ni esa cantidad. Solo lo hace el 30 o 40% de quienes tienen credencial de elector. Además, ¿cuánta gente de la que vota, vende su voto o lo cambia por baratijas?. Estos vicios han permitido que lleguen con frecuencia a los cargos públicos quienes no van a dar lo mejor de sí mismos para servir a los demás, sino que solo van a ver que se roban y qué negocios hacen al amparo del puesto. Y es que curiosamente en México a los saqueadores no les pasa nada. Incluso, a algunos les dan nuevos cargos públicos para protegerlos o se les manda de embajadores o cónsules. Con esta política, la verdad es que damos pena ajena. A pesar del negro panorama que tenemos, no todo está perdido. Tenemos un país muy grande y todavía muy rico, aunque ineficientemente administrado. Hay que conservar la serenidad, rechazar la violencia, no perder la fe, trabajar muy duro, con entusiasmo, exigir buenas cuentas y resultados claros a los gobernantes, que finalmente son nuestros empleados, no nuestros patrones y también hay que cambiar lo que deba cambiarse, de manera civilizada, generosa y pacífica, a través de los únicos medios lícitos que tenemos disponibles: La participación ciudadana y nuestro voto. De actuar así, con responsabilidad y amor a la patria, no hay duda de que entre todos cambiaremos las cosas y vendrán para los mexicanos tiempos mejores. ¿No les parece a Ustedes?. Muchas gracias. Que tengan un buen fin de semana.
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